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FotoBirding en Sant Adrià de Besòs
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sábado, 16 de mayo de 2026

Garcilla cangrejera en Sant Adrià: Un destello blanco


La presencia de la garcilla cangrejera (Ardeola ralloides) en el tramo final del río Besòs, a la altura de Sant Adrià, ha pasado de ser una absoluta rareza a una cita anual esperada por los observadores más atentos. Esta pequeña ardeida, que apenas supera los 45 centímetros de longitud, es una auténtica maestra del camuflaje entre el cañizo. Su plumaje críptico de tonos ocres le permite mimetizarse a la perfección con la vegetación ribereña. Escondida en la orilla, adopta una postura encogida y paciente, esperando el momento exacto para lanzar un ataque fulminante sobre pequeños peces, anfibios o insectos.

El verdadero espectáculo visual llega cuando decide moverse o emprender el vuelo. En ese instante, la garcilla cangrejera se transforma por completo: al desplegar las alas y la cola, emerge un blanco níveo y purísimo que contrasta radicalmente con el dorso ocre. Este destello albino en pleno vuelo es una de sus características más sorprendentes, haciendo que parezca un ave completamente distinta a la que estaba posada apenas un segundo antes. Las imágenes del collage muestran a la perfección este asombroso "efecto óptico" y la limpia envergadura de sus alas en pleno despliegue dinámico.

A juzgar por los detalles morfológicos de los ejemplares que nos visitan en esta época, nos encontramos ante individuos en plumaje nupcial o de verano. En este periodo, los adultos lucen un llamativo penacho de plumas nucales alargadas y listadas que caen sobre el cuello, y el pico adquiere una tonalidad azulada muy intensa con la punta negra, un rasgo inequívoco de celo. Dado que no existe un dimorfismo sexual evidente a simple vista —machos y hembras son prácticamente idénticos en el campo—, el diseño del manto y la intensidad cromática del pico son las mejores guías para confirmar que estamos ante un adulto plenamente desarrollado y listo para el ciclo reproductivo.

La cangrejera es una especie fundamentalmente estival en Cataluña. Llega a a partir de la primavera, procedente de sus cuarteles de invernada en el África subsahariana, y utiliza puntos estratégicos como el delta del Ebro o los Aiguamolls de l'Empordà para criar. Su aparición en el curso bajo del Besòs durante estas fechas refleja la importancia del río como corredor ecológico y zona de descanso migratorio o dispersión, un espacio vital donde reponer fuerzas antes de continuar su viaje o establecerse en las colonias de cría cercanas.

 

Desde una perspectiva posterior, el contraste visual es soberbio. Las plumas de vuelo, completamente níveas, enmarcan la estrecha franja leonada de la espalda, mostrando la estructura compacta y la agilidad de esta ardeida entre la vegetación.

Ardeola ralloides. Garcilla Cangrejera. Martinet ros. Squacco Heron.
Al iniciar el movimiento, el ave rompe su mimetismo y despliega un abanico de un blanco purísimo que contrasta con el tono ocre del dorso, revelando una envergadura limpia y sorprendente para su pequeño tamaño. En la cabeza se aprecia el característico penacho nupcial de plumas listadas, un diseño elegante que complementa la librea de verano de este ejemplar adulto.
 
En pleno despliegue, el blanco deslumbrante domina la escena. 

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📍 Lugar:  Parc Fluvial Besòs . Sant Adrià de Besòs 
📅 Fecha de observación: 15 de Mayol-2026
🌡️Clima :  ☁️ Nuboso, ; Temp.Máx.12°C/ Mín.17°C; P.atm.: 1005 hPa;  HR: 68% .
📷  Equipo foto : Canon R7 + Obj. 100/400 RF 
🔗 Link en este blog : # Ardeola ralloide
©️ Todas las imágenes Paco Torres

viernes, 15 de mayo de 2026

Una garza imperial posada en Sant Adrià



Resulta poco habitual encontrarse con una garza imperial (Ardea purpurea) posada tranquilamente en el tramo del Parc Fluvial Besòs de Sant Adrià de Besòs. Lo más frecuente es verlas en pleno vuelo o en intentos fugaces por tomar tierra, siempre alerta. Sin embargo, hoy el día se presentaba nublado y desapacible, un tiempo atmosférico que probablemente ha disuadido a los paseantes habituales y ha permitido que este ejemplar encontrara la calma necesaria para bajar al cauce. La imperial ha permanecido inmóvil en la orilla, ofreciendo una estampa de serenidad difícil de captar en esta zona del río.

Según los datos compartidos por Xavier Larruy, este individuo es un ejemplar inmaduro que ya se ha dejado ver por la zona en jornadas recientes. Larruy, gran conocedor de la evolución del Besòs, recuerda que hace más de dos décadas era común que estas aves pasaran aquí el periodo estival. Lamentablemente, la presión constante del movimiento humano y, especialmente, la presencia excesiva de perros sueltos que invaden las orillas, han transformado el río en un lugar de paso rápido en lugar de un refugio de verano.

A pesar de este entorno tan antropizado y del incivismo de quienes no respetan los espacios naturales, este ejemplar parece mostrar un carácter algo más confiado o "refiado" de lo normal. Es un privilegio que todavía podamos asistir a estos momentos de quietud, aunque sea de forma excepcional y gracias a un cielo encapotado que ha mantenido el cauce despejado de molestias por un rato. 

La garza imperial fija la vista en una posible presa, en tensión máxima.

Ardea purpurea. Garza Imperial en vuelo. Agró roig. Purple Heron.

La silueta esbelta de la garza imperial inmadura destacando entre la vegetación de la ribera del Besòs.

Entre muros de hormigón, canalizaciones y el asfalto que bordea el cauce, la garza imperial posada en la orilla del Besòs. 

jueves, 14 de mayo de 2026

Caído del nido: ¿ Gorrión o verdecillo ?

Un pequeño caído del nido

 


A veces una salida no deja una gran fotografía de un ave en vuelo ni un retrato perfecto entre ramas. A veces regala algo mucho más sencillo y, a la vez, mucho más delicado: un encuentro inesperado.

Hoy me encontré en el suelo con este diminuto polluelo. Para hacerse una idea de su tamaño, basta fijarse en la moneda de un euro que coloqué junto a él: apenas unos centímetros .

Las primeras impresiones apuntaban a un gorrión común (Passer domesticus), sobre todo por la forma del pico, corto y cónico, típico de las aves granívoras. Sin embargo, me surge otra posibilidad igualmente interesante: ¿podría tratarse de un verdecillo (Serinus serinus)? Ambas especies se encontraban en las inmediaciones, donde destaca un ejemplar de ciprés (Cupressus sempervirens) especialmente denso.

Y ahí aparece una de las dificultades más bonitas —y frustrantes— de la observación de aves: identificar un polluelo tan joven no siempre es sencillo. El plumón, las plumas aún sin desarrollar y las proporciones “inacabadas” de estas primeras etapas hacen que incluso especies relativamente comunes puedan generar dudas razonables.

Lo observé durante un buen rato, manteniendo cierta distancia para comprobar si aparecían los padres. No vi movimiento alguno durante más de una hora. Finalmente decidí dejarlo protegido del sol, a la sombra, y retirarme del lugar. En estas situaciones siempre surge el mismo dilema: intervenir o no intervenir. Muchas veces, la mejor ayuda consiste precisamente en apartarse y permitir que la naturaleza siga su curso.

Estas pequeñas escenas recuerdan que la fotografía de naturaleza no siempre trata de conseguir “la imagen”. A veces consiste en detenerse ante una historia mínima, casi invisible, y dedicarle unos minutos de atención y respeto.

Y ahora os traslado la pregunta a vosotros:

¿Qué opináis?
¿Os parece un gorrión común?
¿O quizá un verdecillo?

Como tantas veces ocurre, la observación no termina cuando se dispara la cámara…

 

Una moneda de 1 euro sirve de escala, para ver lo pequeño que es. 

Identificar un pollo en esta etapa es un reto, ya que los rasgos definitivos de los adultos todavía están "en proceso". 

  
Todavía conseva el plumón y las comisuras amarillas del pico, típicas de un ave nídicola.
Finalmente lo deje protegido del sol, a la sombra, y me marché para darle mejor oportunidad a que sus progenitores regreseran. 


miércoles, 13 de mayo de 2026

Geografía ornitológica : Humboldt y Audubon

V: NATURALISTAS EN MOVIMIENTO

El despertar de la conciencia ecológica y la ruptura con el gabinete

Durante siglos, la ornitología europea fue una ciencia inmóvil. El ave existía, sobre todo, como cadáver. Las grandes colecciones de París, Londres, Viena o Madrid dependían de marineros, comerciantes, misioneros y cazadores que enviaban pieles secas desde África, América o Asia. El naturalista rara vez escuchaba un canto en la selva o veía un vuelo migratorio sobre un delta. Trabajaba en interiores: mesas de madera, vitrinas, alcoholes conservantes y catálogos escritos en latín.

Aquella ciencia de gabinete produjo clasificaciones fundamentales, pero también creó una ilusión peligrosa: la idea de que una especie podía comprenderse únicamente a través de su anatomía. El ave era tratada como un mecanismo biológico aislado de su paisaje. Se medían picos y garras, pero no se estudiaban los vientos que condicionaban su vuelo, las estaciones que marcaban su reproducción ni los bosques cuya desaparición implicaría también la extinción del pájaro.

En el tránsito entre los siglos XVIII y XIX ocurrió una transformación decisiva. El naturalista dejó de ser únicamente un clasificador y comenzó a convertirse en viajero, observador y geógrafo. La naturaleza ya no era un almacén de especies, sino una red de relaciones dinámicas. Las aves dejaron de entenderse como piezas independientes para convertirse en indicadores vivos del clima, la altitud, la humedad, las corrientes oceánicas y la vegetación.

Ese cambio intelectual coincidió con la expansión de las grandes expediciones científicas. El océano Atlántico dejó de ser solo una ruta comercial y pasó a ser una autopista del conocimiento. América tropical, los Andes, las costas del Pacífico y las grandes llanuras norteamericanas se transformaron en laboratorios naturales donde los científicos empezaron a observar la vida en movimiento.

Dos figuras resultan esenciales para comprender esta revolución: Alexander von Humboldt y John James Audubon. Ambos rompieron los límites físicos y mentales del gabinete europeo. Ambos entendieron que la ornitología no podía separarse de la geografía. Y ambos inauguraron una nueva sensibilidad ecológica que anticipó conceptos modernos como ecosistema, nicho biológico y distribución biogeográfica.


Alexander von Humboldt: La métrica del Cosmos
 
 
El científico que convirtió la Tierra en un sistema.


Alexander von Humboldt nació en Berlín, en el Reino de Prusia, el 14 de septiembre de 1769, y murió también en Berlín el 6 de mayo de 1859. Fue geógrafo, naturalista, explorador, astrónomo, botánico, vulcanólogo y, sobre todo, un pensador total. Su obra intentó unificar todas las ciencias naturales bajo una misma idea: la naturaleza funciona como una red interdependiente.
 
La expedición que realizó junto a Aimé Bonpland por América entre 1799 y 1804 transformó radicalmente la historia de la geografía física y de la biología. Recorrió Venezuela, Cuba, Colombia, Ecuador, Perú y México tomando miles de mediciones barométricas, térmicas y magnéticas. No viajaba simplemente para descubrir especies nuevas: quería comprender la arquitectura invisible del planeta.
 
En los Andes encontró el escenario perfecto para esa visión. Las montañas tropicales eran, para Humboldt, una representación vertical del mundo entero. Ascender desde la selva amazónica hasta las nieves perpetuas equivalía a viajar desde el ecuador hasta el Ártico.

El concepto de la “Geografía de las Plantas” aplicada al vuelo

Humboldt observó algo revolucionario: cada franja altitudinal poseía un conjunto específico de vegetación, humedad, temperatura y fauna. Comprendió que las aves no aparecían distribuidas al azar, sino siguiendo reglas geográficas precisas.

Mientras ascendía el volcán Chimborazo, en el actual Ecuador, registró cambios progresivos en la composición biológica del paisaje. En las zonas cálidas predominaban tucanes, guacamayos y colibríes tropicales; en alturas medias aparecían especies adaptadas a bosques nubosos; y cerca de las cumbres sobrevivían únicamente aves capaces de soportar bajas presiones atmosféricas y temperaturas extremas.
El hallazgo tenía implicaciones enormes. Significaba que el ave dependía tanto del espacio geográfico como de su propia biología. Un colibrí andino no era simplemente un organismo hermoso: era el resultado de una ecuación climática extremadamente precisa.

Humboldt entendió además que la altitud actuaba como una fuerza organizadora de la vida. El gradiente vertical de una montaña reproducía, comprimido, el gradiente latitudinal del planeta. Así nació la idea moderna de los “pisos bioclimáticos”, fundamentales para la ecología contemporánea.

La ornitología comenzó entonces a relacionarse directamente con la meteorología y la geografía física. La distribución de las aves pasó a interpretarse mediante variables como:
  • Temperatura media anual
  • Humedad atmosférica
  • Disponibilidad hídrica
  • Densidad del bosque
  • Dirección de los vientos
  • Presión atmosférica
  • Corrientes marinas y fluviales
El paisaje dejó de ser decorado y se convirtió en estructura ecológica.

Las aves como indicadores ambientales
Otro aspecto revolucionario del pensamiento humboldtiano fue considerar a las aves como indicadores biológicos. Hoy sabemos que ciertas especies desaparecen rápidamente cuando cambian las condiciones climáticas o cuando un bosque es fragmentado. Humboldt intuyó esta relación mucho antes de que existiera la ecología científica.

Observó, por ejemplo, que determinadas aves tropicales estaban ligadas a franjas muy estrechas de humedad y temperatura. Si esas condiciones variaban, las especies se desplazaban o desaparecían. Esta idea anticipa conceptos modernos relacionados con el cambio climático y las migraciones altitudinales.
En cierto sentido, Humboldt inauguró la noción de “paisaje vivo”: un espacio donde clima, relieve, vegetación y fauna forman un único sistema dinámico.

 La invención de la Naturgemälde





La Naturgemälde —literalmente “pintura de la naturaleza”— fue una de las creaciones intelectuales más influyentes del siglo XIX. Humboldt comprendió que los datos científicos aislados resultaban insuficientes para entender la complejidad terrestre. Necesitaba una representación visual que mostrara conexiones.
Su célebre diagrama del Chimborazo integraba en una sola imagen:
  • Altitud
  • Temperatura
  • Presión atmosférica
  • Vegetación
  • Distribución animal
  • Niveles de nieve
  • Datos geológicos
Era un mapa ecológico total.

Para la ornitología esto supuso una revolución conceptual. Por primera vez, la presencia de un ave podía explicarse mediante relaciones espaciales complejas. El cóndor andino no era únicamente una especie espectacular; era una criatura adaptada a las corrientes térmicas ascendentes, a la baja densidad del aire y a la geografía abrupta de los Andes.

La montaña se convertía así en una maquinaria ecológica.
Geografía y migración

Aunque Humboldt no estudió las migraciones con la precisión posterior de los siglos XX y XXI, comprendió que los movimientos animales estaban vinculados a las dinámicas planetarias. Las aves seguían estaciones, ciclos hidrológicos y variaciones térmicas.

Las costas del Pacífico sudamericano le permitieron observar otro fenómeno esencial: la relación entre corrientes oceánicas y biodiversidad. La corriente fría de Humboldt —que posteriormente llevaría su nombre— condicionaba la abundancia de peces y, en consecuencia, la presencia masiva de aves marinas en las costas de Perú y Chile.

Pelícanos, cormoranes y piqueros dependían directamente de un fenómeno geográfico oceánico. La ecología marina y la ornitología quedaban unidas por primera vez dentro de un mismo modelo explicativo.

Humboldt y el nacimiento de la conciencia ecológica

Quizá el aspecto más moderno de Humboldt fue su percepción temprana del impacto humano sobre el medio ambiente. Durante sus viajes denunció la deforestación colonial en América y observó cómo la destrucción de bosques alteraba los regímenes hídricos y afectaba a la fauna local.

Entendió que la desaparición de un bosque no implicaba únicamente la pérdida de árboles, sino la ruptura completa de una red biológica. Sin bosque desaparecían insectos; sin insectos desaparecían aves insectívoras; y con ello cambiaba el equilibrio entero del paisaje.

Esta visión sistémica convirtió a Humboldt en uno de los precursores intelectuales de la ecología moderna.


John James Audubon: El movimiento capturado
 
 
El artista que devolvió la vida al ave



Si Humboldt aportó la dimensión geográfica de la naturaleza, John James Audubon aportó el movimiento.

Nació el 26 de abril de 1785 en Saint-Domingue —actual Haití— y murió el 27 de enero de 1851 en Nueva York. Creció entre Francia y Estados Unidos, en una época marcada por revoluciones políticas, expansión territorial y exploración científica del continente norteamericano.
 
Audubon rompió con la tradición rígida de la ilustración zoológica europea. Antes de él, muchas aves eran dibujadas como figuras inmóviles, casi heráldicas. Él las representó cazando, aterrizando, luchando o alimentándose. Introdujo el comportamiento dentro de la imagen científica.

Para lograrlo recorrió miles de kilómetros por el valle del Mississippi, los bosques orientales y las marismas costeras de Norteamérica. Dormía en campamentos, viajaba en canoas y observaba aves en condiciones extremas. Su trabajo dependía de la experiencia directa del territorio.


La gran innovación de Audubon fue integrar el entorno geográfico dentro de la representación ornitológica. Un ave ya no aparecía flotando sobre un fondo vacío: estaba ligada a pantanos, cipreses, deltas o praderas.

Cada ilustración implicaba información ecológica.

 
 
  • Las aves acuáticas aparecían asociadas a humedales específicos.
  • Las rapaces eran representadas sobre acantilados o bosques abiertos.
  • Las especies migratorias quedaban vinculadas a grandes corredores fluviales.
El territorio se convertía en parte inseparable de la identidad biológica.

Audubon comprendió la importancia del río Mississippi como eje biogeográfico continental. Observó cómo millones de aves utilizaban el corredor fluvial para desplazarse entre Canadá, el golfo de México y el Caribe.

Aquello anticipaba el concepto moderno de “flyway” o ruta migratoria.
Las aves no se movían aleatoriamente: seguían sistemas geográficos concretos. Los grandes ríos, las cadenas montañosas y las costas actuaban como autopistas biológicas.

Esta idea fue crucial para la futura conservación ambiental. Proteger un ave implicaba proteger también el territorio por el que migraba.


Del coleccionismo a la ecología

Humboldt y Audubon representan dos dimensiones complementarias de una misma revolución científica.
  • Humboldt explicó las leyes espaciales de la vida.
  • Audubon mostró la vida en acción dentro del paisaje.
Ambos transformaron la ornitología en una ciencia dinámica y territorial.
Gracias a ellos surgieron preguntas nuevas:
  • ¿Por qué unas especies viven solo en ciertos climas?
  • ¿Cómo influyen las montañas en la distribución animal?
  • ¿Qué relación existe entre migración y estaciones?
  • ¿Cómo altera la actividad humana las rutas de las aves?
Estas preguntas ya no podían responderse únicamente en un museo. Exigían viajes, observación de campo y análisis geográfico.
La ornitología moderna nació precisamente de esa unión entre movimiento y territorio.


lunes, 11 de mayo de 2026

El Papamoscas gris: paciencia, precisión y reflejos.

El papamoscas gris ( Muscicapa striata)  no se anda con rodeos; él no va al grano, va directo al insecto. En Sant Adrià de Besòs vuelve cada primavera con esa apariencia discreta de ave corriente que, en cuanto te detienes a observarla un minuto, deja claro que de corriente no tiene nada. Se aposta en ramas despejadas, vigilando cada movimiento con una calma engañosa, hasta que de repente sale disparado, atrapa algo al vuelo y regresa al mismo posadero. Todo en él está pensado para la eficacia.

En las imágenes se aprecia justo uno de esos momentos. El ejemplar aparece con un himenóptero en el pico, probablemente una pequeña abeja o avispa, recién capturada entre los árboles. La escena tiene más valor del que parece a simple vista, porque refleja la esencia del papamoscas: paciencia, precisión y reflejos. Incluso entre ramas secas y sombras incómodas, mantiene esa mirada fija de cazador que parece medir cada centímetro del aire antes de lanzarse.

El plumaje también encaja perfectamente con esa forma de vivir. Tonos pardos, pecho claro con un rayado fino y unas alas sin adornos innecesarios. No busca llamar la atención; al contrario, su ventaja está en pasar desapercibido hasta el último segundo. A veces se habla de la subespecie balearica, algo más pálida y menos marcada, que de vez en cuando puede aparecer por el litoral catalán durante los pasos migratorios. Pero en el campo, sin el ave en mano y buena comparación, muchas veces es mejor no calentarse demasiado la cabeza y disfrutar simplemente de la observación.

Lo mejor del papamoscas gris es precisamente eso: hace su trabajo sin espectáculo. Muchos de estos ejemplares que vemos ahora están de paso, descansando del agotador viaje que han hecho desde el África tropical y el Sahel con destino a sus zonas de cría en el norte de Europa. Otros, sin embargo, se quedarán aquí unas semanas ocupando los árboles cerca de la desembocadura de río Besòs, controlando insectos como auténticos especialistas y desapareciendo hacia el sur casi sin hacer ruido. En un entorno tan urbanizado como Sant Adrià, encontrar todavía escenas así muestra que la vida natural sigue funcionando a su manera, en silencio pero con precisión.

La silueta del papamoscas destaca por sus alas proporcionalmente largas y puntiagudas, una adaptación evolutiva necesaria para sus migraciones de miles de kilómetros. 
Muscicapa striata. Papamoscas gris. Papamosques gris.Spotted Flycatcher.
Cuando está en máxima alerta, eriza ligeramente las plumas del píleo; no es una cresta real, sino una respuesta momentánea de tensión y atención.

Esta postura erguida, casi vertical, es su sello de identidad.
Se observa cómo el ave sujeta con el pico una abeja o avispa. 

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📍 Lugar:   Parc del Fòrum .  Sant Adrià de Besòs 
📅 Fecha de observación: 10 de mayo-2026
🌡️Clima :  ☀️ Soleado; Temp.Máx.22°C/ Mín.14°C; P.atm.:1012 hPa; HR: 68% .
🔗 Link en este blog : Muscicapa striata
📷  Equipo foto : Canon R7 + 100/500 RF  
©️ Todas las imágenes  PacoTorres

domingo, 10 de mayo de 2026

Observar sin contagiar




Entre prismáticos y estigmas: la realidad de las expediciones ornitológicas. 

A veces, cuando leo ciertas noticias o reviso algunos debates en foros especializados, me doy cuenta de lo fácil que resulta opinar desde el desconocimiento. Últimamente se está señalando a los barcos expedicionarios que recorren el Atlántico Sur y la Antártida, insinuando que los ornitólogos y fotógrafos que viajan a bordo son poco menos que vectores de enfermedades. Se habla de “propagación”, se lanzan sospechas y se construye un relato simplista sobre un colectivo que, paradójicamente, es uno de los que más respeta las normas de bioseguridad.

Sinceramente, me incomoda. Y me incomoda porque se está estigmatizando a personas cuya única “culpa” ha sido ahorrar durante años para cumplir  su sueño como observadores de aves.

Lo primero que habría que desmontar es el mito del “crucero de lujo”. He visto imágenes y leído crónicas de barcos como el Hondius, y aquello dista mucho de ser un hotel flotante para ricos aburridos. Es un buque polar con casco reforzado para navegación en hielo, diseñado para soportar algunas de las condiciones más extremas del planeta. Quien embarca allí no busca desayunos servidos con guantes blancos. Busca estar a las cinco de la mañana en una cubierta barrida por el viento, con los prismáticos colgando del cuello, el teleobjetivo al hombro y el frío atravesando los huesos, únicamente para observar el planeo de un Albatros Errante (Diomedea exulans) o capturar la mirada de un Cormorán Imperial (Leucocarbo atriceps).

Para muchos de nosotros, este tipo de expediciones son algo que probablemente solo viviríamos si nos tocara la lotería. Pero eso no debería traducirse en una envidia tóxica hacia quienes sí pueden realizarlas. Al contrario: gran parte del conocimiento que tenemos sobre aves marinas australes existe gracias a ese trabajo de campo.

Lo que algunos llaman “lujo” es, en realidad, el enorme coste logístico de alcanzar algunos de los ecosistemas más remotos del planeta para observar especies únicas como el Pingüino de Magallanes (Spheniscus magellanicus), el Petrel Gigante Antártico (Macronectes giganteus) o la Agachadiza Fueguina (Gallinago stricklandii) en la Patagonia. Son expedicionarios especializados, no turistas de pulsera.

Y luego está el tema de las enfermedades. Resulta irónico que se acuse de imprudencia precisamente a quienes más protocolos de desinfección siguen. Un ornitólogo serio limpia botas, trípodes y material con biocidas antes de pisar cualquier costa virgen o colonia sensible. La bioseguridad, en estos entornos, no es opcional: es parte fundamental del trabajo.

Lo que muchas veces se ignora es que la naturaleza tiene sus propios ciclos epidemiológicos. La relación entre aves y patógenos es tan antigua como los propios ecosistemas. Allí donde existe una gran concentración de fauna, también aumentan los procesos biológicos, las interacciones ecológicas y, naturalmente, la circulación de patógenos.

Quienes llevamos años pateando campo sabemos perfectamente que las enfermedades aviares no aparecen “porque haya observadores”. Forman parte de dinámicas ecológicas complejas que existen desde mucho antes del turismo científico o de la fotografía de naturaleza.

Y tampoco hace falta irse a la Antártida para comprobarlo. Lo hemos visto aquí mismo, en el entorno del Besòs. En distintos episodios se han detectado brotes de botulismo aviar, provocado por la bacteria Clostridium botulinum, cuya toxina puede proliferar en aguas eutrofizadas y en materia orgánica en descomposición. También hemos convivido en Europa con la expansión de la gripe aviar altamente patógena H5N1 —Influenza A virus subtype H5N1—, responsable de la muerte de miles de aves silvestres en los últimos años.

Y, sin embargo, nadie sensato culpa al observador de aves por documentar esos episodios. Al contrario: son precisamente ornitólogos, fotógrafos y naturalistas quienes muchas veces detectan primero anomalías, mortalidades masivas o cambios en las colonias.

A ojos de alguien ajeno al mundo natural, esos lugares pueden parecer simplemente “sucios”. Para un observador experimentado son auténticos laboratorios vivos de biodiversidad.

Si aquí nadie culpa al observador por estudiar aves en un entorno con elevada carga bacteriana, ¿por qué sí se señala al que viaja a las Malvinas o a Georgia del Sur?

El ornitólogo no es el problema sanitario; muchas veces es precisamente quien ayuda a detectarlo. Si no fuera por fotógrafos, investigadores y observadores que monitorizan continuamente colonias y rutas migratorias, las autoridades sanitarias trabajarían prácticamente a ciegas. Son ellos quienes primero detectan mortalidades anómalas, alteraciones en colonias reproductoras o posibles desplazamientos de cepas de gripe aviar.

Estigmatizarlos es como culpar al termómetro de que exista fiebre.

Desde este blog quiero romper una lanza a favor del rigor y el sentido común. No permitamos que el sensacionalismo empañe una labor tan necesaria. Seamos observadores, seamos rigurosos y, sobre todo, mantengamos el respeto por quienes dedican su vida a comprender el mundo natural.

Porque la ornitología no es una frivolidad: es pasión por el conocimiento. Y eso jamás debería convertirse en motivo de estigma, ya sea en la inmensidad de la Patagonia o en las orillas del Besòs.




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📍 Lugar: Sant Adrià de Besòs 
📅 Fecha : 30 de abril-2026
📷📝 PacoTorres

sábado, 9 de mayo de 2026

Halcones de Ciutat en pleno rendimiento

 Velocidad y dominio: El Halcón Peregrino en el cielo de Barcelona


Levantar la vista en Barcelona y encontrar una pareja de Falco peregrinus patrullando sobre nuestras cabezas no es una casualidad estética, es la prueba de una maquinaria biológica funcionando a pleno rendimiento. He tenido la suerte de captar a ambos ejemplares en vuelo, y más allá de la plástica de la imagen, lo que vemos es la consolidación de un depredador alfa que ha sabido leer el urbanismo como su cazadero natural. Para estos animales, las estructuras de la Sagrada Família o las torres de graneles en el puerto no son monumentos ni infraestructuras, sino acantilados estratégicos que ofrecen la térmica y la altura necesarias para ejecutar su maniobra más letal: el picado.

Verlos volar juntos en estas fechas de mayo confirma que el territorio está bien defendido. Mientras uno vigila desde la piedra o el hierro, el otro prospecta el cielo, manteniendo a raya las poblaciones de palomas y estorninos por pura presión predatoria. Es el control biológico más antiguo y efectivo del mundo operando sobre nosotros. Los datos no dejan lugar a dudas: con ocho parejas reproductoras asentadas en la ciudad y unas doce en toda el Área Metropolitana, incluyendo puntos clave como las Tres Xemeneies en Sant Adrià de Besòs, el peregrino ya no es un visitante, es el dueño del aire.

Este éxito no es accidental ni espontáneo. Detrás de cada territorio y de cada ejemplar anillado está el rigor de Galanthus, la entidad que lidera el seguimiento técnico y el proyecto de reintroducción en Barcelona. Gracias a su monitorización constante, sabemos que solo en el nido de la Sagrada Família han nacido ya nuevos polluelos este abril, sumando ejemplares a una población que ya supera los 250 nacimientos desde que se inició el programa en 1999. Observar sus alas puntiagudas y ese vuelo batido tan característico es apreciar la adaptación de una especie que ha recuperado su sitio por pura lógica de supervivencia. El asfalto simplemente ha resultado ser un buen lugar para cazar.
 
 
La imagen muestra a las aves cerca de una estructura de hormigón con una viga de acero tipo "I" que sobresale. Los halcones peregrinos suelen utilizar este tipo de estructuras altas en las ciudades como sustitutos de los acantilados naturales para anidar.


Maniobras Aéreas: Las aves en el cielo abierto, realizando giros y persecuciones. Se nota que están en una fase de interacción activa, volando muy cerca uno del otro, lo cual es típico durante la época de reproducción.

Halcón peregrino. Falco peregrinus. Falcó pelegrí. Peregrine Falcon.
Macho y hembra en vuelo. 

Un macho adulto de halcón peregrino en una inmersión frontal de alta velocidad. Su silueta se vuelve aerodinámica, con las alas parcialmente plegadas y apuntadas. El plumaje ventral parece liso y claro, y la cabeza tiene un perfil muy nítido con una bigotera negra que destaca sobre el pecho blanco.

Este halcón muestra un barrado ventral muy denso y oscuro, y parece un individuo de mayor tamaño, lo que sugiere que es una hembra.

La pareja de halcones sobre el Port de Barcelona 


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📍 Lugar: Port de Barcelona.
📅 Fecha de observación: 8 de mayo-2026
🌡️Clima :  🌤️ Mayormente nublado;  Temp.: Máx.21°C/ Mín.14°C;  1014hPa. 66: 78%
🔗 Link en este blog : Falco peregrinus 
📷  Equipo foto :  Canon R7 + obj. 100-500 RF
©️ Todas las imágenes  PacoTorres