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FotoBirding en Sant Adrià de Besòs
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lunes, 11 de mayo de 2026

El Papamoscas gris: paciencia, precisión y reflejos.

El papamoscas gris ( Muscicapa striata)  no se anda con rodeos; él no va al grano, va directo al insecto. En Sant Adrià de Besòs vuelve cada primavera con esa apariencia discreta de ave corriente que, en cuanto te detienes a observarla un minuto, deja claro que de corriente no tiene nada. Se aposta en ramas despejadas, vigilando cada movimiento con una calma engañosa, hasta que de repente sale disparado, atrapa algo al vuelo y regresa al mismo posadero. Todo en él está pensado para la eficacia.

En las imágenes se aprecia justo uno de esos momentos. El ejemplar aparece con un himenóptero en el pico, probablemente una pequeña abeja o avispa, recién capturada entre los árboles. La escena tiene más valor del que parece a simple vista, porque refleja la esencia del papamoscas: paciencia, precisión y reflejos. Incluso entre ramas secas y sombras incómodas, mantiene esa mirada fija de cazador que parece medir cada centímetro del aire antes de lanzarse.

El plumaje también encaja perfectamente con esa forma de vivir. Tonos pardos, pecho claro con un rayado fino y unas alas sin adornos innecesarios. No busca llamar la atención; al contrario, su ventaja está en pasar desapercibido hasta el último segundo. A veces se habla de la subespecie balearica, algo más pálida y menos marcada, que de vez en cuando puede aparecer por el litoral catalán durante los pasos migratorios. Pero en el campo, sin el ave en mano y buena comparación, muchas veces es mejor no calentarse demasiado la cabeza y disfrutar simplemente de la observación.

Lo mejor del papamoscas gris es precisamente eso: hace su trabajo sin espectáculo. Muchos de estos ejemplares que vemos ahora están de paso, descansando del agotador viaje que han hecho desde el África tropical y el Sahel con destino a sus zonas de cría en el norte de Europa. Otros, sin embargo, se quedarán aquí unas semanas ocupando los árboles cerca de la desembocadura de río Besòs, controlando insectos como auténticos especialistas y desapareciendo hacia el sur casi sin hacer ruido. En un entorno tan urbanizado como Sant Adrià, encontrar todavía escenas así muestra que la vida natural sigue funcionando a su manera, en silencio pero con precisión.

La silueta del papamoscas destaca por sus alas proporcionalmente largas y puntiagudas, una adaptación evolutiva necesaria para sus migraciones de miles de kilómetros. 
Muscicapa striata. Papamoscas gris. Papamosques gris.Spotted Flycatcher.
Cuando está en máxima alerta, eriza ligeramente las plumas del píleo; no es una cresta real, sino una respuesta momentánea de tensión y atención.

Esta postura erguida, casi vertical, es su sello de identidad.
Se observa cómo el ave sujeta con el pico una abeja o avispa. 

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📍 Lugar:   Parc del Fòrum .  Sant Adrià de Besòs 
📅 Fecha de observación: 10 de mayo-2026
🌡️Clima :  ☀️ Soleado; Temp.Máx.22°C/ Mín.14°C; P.atm.:1012 hPa; HR: 68% .
🔗 Link en este blog : Muscicapa striata
📷  Equipo foto : Canon R7 + 100/500 RF  
©️ Todas las imágenes  PacoTorres

domingo, 10 de mayo de 2026

Observar sin contagiar




Entre prismáticos y estigmas: la realidad de las expediciones ornitológicas. 

A veces, cuando leo ciertas noticias o reviso algunos debates en foros especializados, me doy cuenta de lo fácil que resulta opinar desde el desconocimiento. Últimamente se está señalando a los barcos expedicionarios que recorren el Atlántico Sur y la Antártida, insinuando que los ornitólogos y fotógrafos que viajan a bordo son poco menos que vectores de enfermedades. Se habla de “propagación”, se lanzan sospechas y se construye un relato simplista sobre un colectivo que, paradójicamente, es uno de los que más respeta las normas de bioseguridad.

Sinceramente, me incomoda. Y me incomoda porque se está estigmatizando a personas cuya única “culpa” ha sido ahorrar durante años para cumplir  su sueño como observadores de aves.

Lo primero que habría que desmontar es el mito del “crucero de lujo”. He visto imágenes y leído crónicas de barcos como el Hondius, y aquello dista mucho de ser un hotel flotante para ricos aburridos. Es un buque polar con casco reforzado para navegación en hielo, diseñado para soportar algunas de las condiciones más extremas del planeta. Quien embarca allí no busca desayunos servidos con guantes blancos. Busca estar a las cinco de la mañana en una cubierta barrida por el viento, con los prismáticos colgando del cuello, el teleobjetivo al hombro y el frío atravesando los huesos, únicamente para observar el planeo de un Albatros Errante (Diomedea exulans) o capturar la mirada de un Cormorán Imperial (Leucocarbo atriceps).

Para muchos de nosotros, este tipo de expediciones son algo que probablemente solo viviríamos si nos tocara la lotería. Pero eso no debería traducirse en una envidia tóxica hacia quienes sí pueden realizarlas. Al contrario: gran parte del conocimiento que tenemos sobre aves marinas australes existe gracias a ese trabajo de campo.

Lo que algunos llaman “lujo” es, en realidad, el enorme coste logístico de alcanzar algunos de los ecosistemas más remotos del planeta para observar especies únicas como el Pingüino de Magallanes (Spheniscus magellanicus), el Petrel Gigante Antártico (Macronectes giganteus) o la Agachadiza Fueguina (Gallinago stricklandii) en la Patagonia. Son expedicionarios especializados, no turistas de pulsera.

Y luego está el tema de las enfermedades. Resulta irónico que se acuse de imprudencia precisamente a quienes más protocolos de desinfección siguen. Un ornitólogo serio limpia botas, trípodes y material con biocidas antes de pisar cualquier costa virgen o colonia sensible. La bioseguridad, en estos entornos, no es opcional: es parte fundamental del trabajo.

Lo que muchas veces se ignora es que la naturaleza tiene sus propios ciclos epidemiológicos. La relación entre aves y patógenos es tan antigua como los propios ecosistemas. Allí donde existe una gran concentración de fauna, también aumentan los procesos biológicos, las interacciones ecológicas y, naturalmente, la circulación de patógenos.

Quienes llevamos años pateando campo sabemos perfectamente que las enfermedades aviares no aparecen “porque haya observadores”. Forman parte de dinámicas ecológicas complejas que existen desde mucho antes del turismo científico o de la fotografía de naturaleza.

Y tampoco hace falta irse a la Antártida para comprobarlo. Lo hemos visto aquí mismo, en el entorno del Besòs. En distintos episodios se han detectado brotes de botulismo aviar, provocado por la bacteria Clostridium botulinum, cuya toxina puede proliferar en aguas eutrofizadas y en materia orgánica en descomposición. También hemos convivido en Europa con la expansión de la gripe aviar altamente patógena H5N1 —Influenza A virus subtype H5N1—, responsable de la muerte de miles de aves silvestres en los últimos años.

Y, sin embargo, nadie sensato culpa al observador de aves por documentar esos episodios. Al contrario: son precisamente ornitólogos, fotógrafos y naturalistas quienes muchas veces detectan primero anomalías, mortalidades masivas o cambios en las colonias.

A ojos de alguien ajeno al mundo natural, esos lugares pueden parecer simplemente “sucios”. Para un observador experimentado son auténticos laboratorios vivos de biodiversidad.

Si aquí nadie culpa al observador por estudiar aves en un entorno con elevada carga bacteriana, ¿por qué sí se señala al que viaja a las Malvinas o a Georgia del Sur?

El ornitólogo no es el problema sanitario; muchas veces es precisamente quien ayuda a detectarlo. Si no fuera por fotógrafos, investigadores y observadores que monitorizan continuamente colonias y rutas migratorias, las autoridades sanitarias trabajarían prácticamente a ciegas. Son ellos quienes primero detectan mortalidades anómalas, alteraciones en colonias reproductoras o posibles desplazamientos de cepas de gripe aviar.

Estigmatizarlos es como culpar al termómetro de que exista fiebre.

Desde este blog quiero romper una lanza a favor del rigor y el sentido común. No permitamos que el sensacionalismo empañe una labor tan necesaria. Seamos observadores, seamos rigurosos y, sobre todo, mantengamos el respeto por quienes dedican su vida a comprender el mundo natural.

Porque la ornitología no es una frivolidad: es pasión por el conocimiento. Y eso jamás debería convertirse en motivo de estigma, ya sea en la inmensidad de la Patagonia o en las orillas del Besòs.




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📍 Lugar: Sant Adrià de Besòs 
📅 Fecha : 30 de abril-2026
📷📝 PacoTorres

sábado, 9 de mayo de 2026

Halcones de Ciutat en pleno rendimiento

 Velocidad y dominio: El Halcón Peregrino en el cielo de Barcelona


Levantar la vista en Barcelona y encontrar una pareja de Falco peregrinus patrullando sobre nuestras cabezas no es una casualidad estética, es la prueba de una maquinaria biológica funcionando a pleno rendimiento. He tenido la suerte de captar a ambos ejemplares en vuelo, y más allá de la plástica de la imagen, lo que vemos es la consolidación de un depredador alfa que ha sabido leer el urbanismo como su cazadero natural. Para estos animales, las estructuras de la Sagrada Família o las torres de graneles en el puerto no son monumentos ni infraestructuras, sino acantilados estratégicos que ofrecen la térmica y la altura necesarias para ejecutar su maniobra más letal: el picado.

Verlos volar juntos en estas fechas de mayo confirma que el territorio está bien defendido. Mientras uno vigila desde la piedra o el hierro, el otro prospecta el cielo, manteniendo a raya las poblaciones de palomas y estorninos por pura presión predatoria. Es el control biológico más antiguo y efectivo del mundo operando sobre nosotros. Los datos no dejan lugar a dudas: con ocho parejas reproductoras asentadas en la ciudad y unas doce en toda el Área Metropolitana, incluyendo puntos clave como las Tres Xemeneies en Sant Adrià de Besòs, el peregrino ya no es un visitante, es el dueño del aire.

Este éxito no es accidental ni espontáneo. Detrás de cada territorio y de cada ejemplar anillado está el rigor de Galanthus, la entidad que lidera el seguimiento técnico y el proyecto de reintroducción en Barcelona. Gracias a su monitorización constante, sabemos que solo en el nido de la Sagrada Família han nacido ya nuevos polluelos este abril, sumando ejemplares a una población que ya supera los 250 nacimientos desde que se inició el programa en 1999. Observar sus alas puntiagudas y ese vuelo batido tan característico es apreciar la adaptación de una especie que ha recuperado su sitio por pura lógica de supervivencia. El asfalto simplemente ha resultado ser un buen lugar para cazar.
 
 
La imagen muestra a las aves cerca de una estructura de hormigón con una viga de acero tipo "I" que sobresale. Los halcones peregrinos suelen utilizar este tipo de estructuras altas en las ciudades como sustitutos de los acantilados naturales para anidar.


Maniobras Aéreas: Las aves en el cielo abierto, realizando giros y persecuciones. Se nota que están en una fase de interacción activa, volando muy cerca uno del otro, lo cual es típico durante la época de reproducción.

Halcón peregrino. Falco peregrinus. Falcó pelegrí. Peregrine Falcon.
Macho y hembra en vuelo. 

Un macho adulto de halcón peregrino en una inmersión frontal de alta velocidad. Su silueta se vuelve aerodinámica, con las alas parcialmente plegadas y apuntadas. El plumaje ventral parece liso y claro, y la cabeza tiene un perfil muy nítido con una bigotera negra que destaca sobre el pecho blanco.

Este halcón muestra un barrado ventral muy denso y oscuro, y parece un individuo de mayor tamaño, lo que sugiere que es una hembra.

La pareja de halcones sobre el Port de Barcelona 


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📍 Lugar: Port de Barcelona.
📅 Fecha de observación: 8 de mayo-2026
🌡️Clima :  🌤️ Mayormente nublado;  Temp.: Máx.21°C/ Mín.14°C;  1014hPa. 66: 78%
🔗 Link en este blog : Falco peregrinus 
📷  Equipo foto :  Canon R7 + obj. 100-500 RF
©️ Todas las imágenes  PacoTorres

viernes, 8 de mayo de 2026

Halcones y botellas en la Sagrada Familia

La pareja de halcones peregrinos de la Sagrada Familia lleva años utilizando las torres de Gaudí como si fueran un acantilado natural plantado en mitad de Barcelona. Y, visto de cerca, tiene toda la lógica. Las cornisas estrechas, la altura brutal y los huecos protegidos encajan perfectamente con lo que busca esta especie: dominio visual, seguridad y aire libre para lanzar sus picados. Desde arriba controlan la ciudad entera igual que sus antepasados controlaban barrancos y paredes de roca.

Lo curioso es que, entre toda esa piedra, aparecen incrustadas decenas de botellas de vidrio. No imitaciones: botellas reales. Muchas eran de cava, vino o restos industriales que Gaudí reutilizó para rematar los pináculos. A esa distancia parecen joyas o frutos cristalizados, pero al acercar el objetivo se descubre el truco. El arquitecto entendía muy bien los materiales y sabía que el vidrio soportaría décadas de lluvia, viento y contaminación mejor que muchos revestimientos convencionales. No había romanticismo ecológico; había inteligencia práctica.

Con luz nublada los colores quedan apagados, pero cuando el sol entra de lado, esas piezas de vidrio convierten las torres en un mosaico vivo. Los reflejos cambian a cada hora y el templo deja de parecer piedra maciza para adquirir algo casi mineral, como una pared salpicada de cuarzos. Ahí es donde los halcones encajan de forma extraña y perfecta: plumaje gris, garras negras y ojos amarillos sobre una arquitectura hecha de ladrillo, vidrio roto y geometría imposible.

Gaudí diseñó muchas partes de la basílica pensando en formas orgánicas: frutos, espigas, huesos, ramas, panales. Sin proponérselo del todo, terminó construyendo un hábitat ideal para aves acostumbradas a vivir en altura. Los peregrinos aprovechan cada saliente como puesto de observación y cada corriente de aire caliente que sube por las fachadas. Mientras abajo pasan turistas y autobuses, arriba continúa una rutina mucho más antigua: vigilar, descansar, limpiar las plumas y esperar el momento exacto para salir disparados.

Hay algo muy barcelonés en esta escena. Un templo todavía en obras, botellas recicladas convertidas en mosaicos y la rapaz más rápida del planeta usando todo eso como territorio de cría. La Sagrada Familia nunca fue una construcción silenciosa ni estática; siempre tuvo algo de organismo vivo. Quizá por eso los halcones no desentonan ahí arriba. Más bien parece que hubieran estado esperando el edificio desde el principio.

 

La pareja de halcones peregrinos ocupa desde hace años las alturas de la Sagrada Familia como si fueran un acantilado natural suspendido sobre Barcelona. En esta imagen se aprecia bien la estructura irregular de los pináculos ideados por Gaudí, cubiertos de mosaicos y fragmentos de vidrio incrustado. El macho permanece arriba, en posición dominante, mientras la hembra descansa unos metros más abajo. Para estas rapaces, cada saliente de piedra funciona como una atalaya desde la que vigilar el tráfico aéreo de palomas y vencejos que cruza constantemente el Eixample.

Halcón peregrino. Falco peregrinus. Falcó pelegrí. Peregrine Falcon.
 Los mosaicos de vidrio reciclado y las botellas incrustadas crean un entorno casi irreal. A través de los prismáticos, el contraste entre el plumaje gris acero de las aves y los colores del trencadís produce una escena difícil de olvidar.

Desde el suelo cuesta imaginar que, en medio de esta arquitectura gigantesca, vive una de las aves más rápidas del planeta. El halcón peregrino puede superar los 300 km/h en picado cuando caza, y necesita espacios elevados desde los que lanzarse con ventaja. Las torres de la Sagrada Familia cumplen perfectamente esa función. Los huecos verticales, las plataformas estrechas y las corrientes térmicas que suben por la fachada convierten el templo en un territorio privilegiado para la especie.

Vista  de las torres convertidas hoy en uno de los enclaves urbanos más conocidos para el halcón peregrino en Barcelona. A simple vista los pináculos parecen pura ornamentación, pero para estas aves representan refugio, seguridad y control absoluto del espacio aéreo. Resulta difícil encontrar un ejemplo mejor de convivencia entre arquitectura y fauna salvaje: Gaudí levantó un bosque de piedra y, décadas después, los halcones terminaron ocupándolo como si siempre les hubiera pertenecido.

En esta imagen se aprecia bien el detalle de los pináculos y la gran cruz central de cuatro brazos que domina el conjunto, una muestra clara de la visión de Gaudí, capaz de mezclar piedra, luz y formas naturales en una arquitectura imposible de confundir. La silueta de la Sagrada Familia se eleva hacia el cielo como un acantilado artificial, y ahí es donde se entiende perfectamente la presencia del halcón peregrino: las torres le ofrecen altura, refugio y un horizonte despejado, exactamente las mismas condiciones que buscaría en una pared rocosa salvaje.

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📍 Lugar: Sagrada Familia. Barcelona 
📅 Fecha de observación: 8 de mayo-2026
🌡️Clima :  🌤️ Mayormente nublado;  Temp.: Máx.21°C/ Mín.14°C;  1014hPa. 66: 78%
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©️ Todas las imágenes  PacoTorres

jueves, 7 de mayo de 2026

Observando al verdecillo


El verdecillo (Serinus serinus) no desciende al suelo urbano por costumbre, sino por necesidad. En las imágenes de esta entrada aparece moviéndose entre césped sembrado, tallos secos y pequeñas hierbas espontáneas que sobreviven en los márgenes del parque. Allí, entre espacios diseñados para el orden y rincones donde la vegetación todavía escapa al control absoluto, este pequeño fringílido encuentra semillas suficientes para persistir dentro de la ciudad. Su presencia no es anecdótica: revela hasta qué punto incluso una franja mínima de flora espontánea puede convertirse en refugio y alimento para la fauna urbana.

Las fotografías muestran además algo que suele pasar desapercibido en muchos parques contemporáneos: el verdadero valor ecológico de las plantas consideradas “maleza”. El verdecillo aparece alimentándose principalmente de pequeñas gramíneas silvestres y de vegetación ruderal que crece entre el césped ornamental o en los bordes menos intervenidos. Cardos jóvenes, espigas finas y pequeñas compuestas forman un mosaico vegetal humilde pero esencial. Son precisamente esas plantas, eliminadas a menudo por desbroces excesivos o herbicidas, las que sostienen una parte silenciosa de la biodiversidad urbana.

Existe también un contraste visual profundamente simbólico. El plumaje amarillo verdoso del verdecillo fue modelado durante miles de años para confundirse con brotes tiernos, campos secos y ramas iluminadas por el sol. Sin embargo, sobre el gris mineral de las ciudades, ese camuflaje ancestral pierde eficacia. El ave destaca entre superficies artificiales que nunca formaron parte de su paisaje evolutivo. Las imágenes capturan esa contradicción: un pequeño pájaro concebido para desaparecer entre la vegetación obligado ahora a buscar alimento en escenarios cada vez más domesticados por el urbanismo.

Quizá escenas como esta pasan desapercibidas precisamente porque todavía resultan comunes en algunos parques urbanos. Sin embargo, la progresiva sustitución de terrenos naturales por superficies pavimentadas, céspedes intensivos y espacios excesivamente controlados reduce cada vez más la disponibilidad de semillas e insectos para muchas aves pequeñas. El verdecillo consigue adaptarse aprovechando las gramíneas y plantas espontáneas que sobreviven en bordes y rincones menos intervenidos, estas especies dependen de una vegetación aparentemente insignificante para seguir encontrando alimento dentro de la ciudad.


Con el pico lleno de pequeñas espigas, el verdecillo revela la importancia ecológica de las hierbas espontáneas que crecen entre el césped y los caminos. Allí donde todavía sobreviven gramíneas y cardos, persiste también una parte esencial de la biodiversidad urbana.
Una toma que destaca el plumaje estriado de un ejemplar con gran cantidad de amarillo, lo que sugiere un macho.
Serinus serinus. Verdecillo. Gafarró. European Serin.
Las plantas ruderales que sobreviven en los bordes de los parques urbanos funcionan como auténticas despensas naturales para multitud de pequeños fringílidos.
Su pico corto y fino está perfectamente adaptado para extraer semillas diminutas de estas espigas urbanas que suelen pasar desapercibidas para la mayoría de las personas. 

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📍 Lugar:  Parc de Les Glories. Barcelona
📅 Fecha de observación: 6 de Mayo-2026
🌡️Clima :  🌞 Soleado; Temp.Máx.21°C/ Mín.13°C; P.atm.:1011 hPa; HR:58% .
©️ Todas las imágenes  PacoTorres

miércoles, 6 de mayo de 2026

El Pico de Coral en Barcelona es hoy una realidad urbana consolidada

El avance del Pico de Coral (Estrilda astrild) por el área metropolitana de Barcelona es un fenómeno que ya no admite discusión. Lo que hace años se limitaba a núcleos aislados en los carrizales del Llobregat o el Besòs, hoy es una conquista urbana en toda regla. Mientras los catálogos oficiales y la burocracia conservacionista siguen debatiendo etiquetas sobre especies "invasoras" o "alóctonas", esta pequeña ave subsahariana ha decidido que el asfalto y los jardines municipales son su nuevo feudo, demostrando una plasticidad adaptativa que ya querrían para sí muchas especies autóctonas en declive.
 
Ha pasado en pocos años de ser una curiosidad a convertirse en un habitual de Barcelona. Hoy no hace falta salir de la ciudad para verlo: aparece en parques, descampados y zonas verdes donde haya algo de hierba y, sobre todo, agua. Observaciones como la de hoy en el Parc de les Glòries lo confirman claramente, y lo mismo ocurre, en otros muchos parques de la ciutat y  a lo largo del río Besòs, que sigue siendo uno de sus ejes principales de expansión.

Una de las cosas más interesantes de esta especie es lo fácil que resulta verla durante todo el año. No es un visitante ocasional: está, cría y se queda. En primavera y verano puede pasar algo más desapercibida, moviéndose entre la vegetación, pero en otoño e invierno forma pequeños bandos bastante visibles que recorren el suelo en busca de semillas. En cuanto aparece un punto de agua, aunque sea un simple charco tras el riego o la lluvia, la actividad se dispara. Ahí es donde escenas como las que he fotografiado cobran todo el sentido.

El baño no es solo un momento vistoso, es una parte esencial de su rutina. Entre salpicaduras, aleteos y pequeños saltos, mantienen el plumaje en condiciones óptimas, algo clave para volar bien y regular la temperatura. Todo ocurre rápido, en grupo y con ese punto de coordinación que tienen las especies gregarias. Son aves pequeñas, pero muy activas, y cuando coinciden varios individuos en un mismo punto, el movimiento es constante.

Comparado con otras exóticas bien conocidas en la ciudad, como la Myiopsitta monachus o la Psittacula krameri, el pico de coral juega otra liga: menos ruido, menos presencia en altura y mucha más actividad a ras de suelo. Eso lo hace más discreto, pero también más interesante para quien se fija. Su éxito está en esa combinación de flexibilidad, vida en grupo y capacidad para aprovechar cualquier recurso, por pequeño que sea.

Al final, lo más llamativo es eso: ya no hay que buscarlo demasiado. Está integrado en el día a día de la ciudad. Solo hace falta mirar con un poco de atención… y, si hay un charco cerca, mejor.
 
 
Un pequeño grupo evaluando la seguridad del charco y la ausencia de depredadores. El comportamiento gregario de los Picos de Coral es su mejor defensa en el entorno urbano: si uno vuela, vuelan todos. Es la fuerza del grupo frente a la vulnerabilidad individual, una estrategia de supervivencia que les funciona a la perfección.

Aprovechando colectivamente un recurso tan simple como un charco de lluvia o de riego. No hay jerarquías complicadas, solo la urgencia pragmática de limpiar el plumaje y refrescarse antes de que el peligro aceche

Ese antifaz rojo intenso es su rasgo más distintivo, un color que resalta aún más cuando el plumaje está mojado. Este ejemplar se sacude con energía, mostrando ese parche rojizo en el pecho que suele ser más visible en los machos.

Asear el plumaje no es solo una cuestión de estética, es vital para volar con rapidez y escapar de los depredadores. Pero incluso en pleno baño, la precaución es máxima, está alerta, demostrando que en la naturaleza la confianza excesiva se paga cara. 

Un estallido de gotas de agua congeladas en el aire por el aleteo frenético del ave

Sumergido casi por completo, mostrando su total confianza en el charco y en la seguridad que le proporciona estar rodeado de los suyos.

 
 
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📍 Lugar:  Parc de Les Glories. Barcelona
📅 Fecha de observación: 6 de Mayo-2026
🌡️Clima :  🌞 Soleado; Temp.Máx.21°C/ Mín.13°C; P.atm.:1011 hPa; HR:58% .
©️ Todas las imágenes  PacoTorres
 

domingo, 3 de mayo de 2026

El vigía de hierro y el Charrán común

Hay lugares donde el paisaje acaba pareciéndose a quienes lo habitaron con intensidad. Eso es exactamente lo que se siente al llegar al Parc Natural del Delta de l'Ebre y, en particular, al subir al Mirador David Bigas. No es solo una torre de observación en la zona de Migjorn, frente a la Bassa de l’Alfacada; es algo más difícil de explicar y, sin embargo, evidente en cuanto alcanzas la parte alta.

David Bigas vigía eterno desde la torre que lleva su nombre. 

Como bien indica el cartel que nos recibe al llegar este espacio ha sido reclamado por la memoria. Allí arriba, recortada contra el cielo limpio, aparece la silueta metálica de David Bigas (1968–2024). No es un gesto simbólico sin más; es una restitución. Su figura —cabello rizado siempre en lucha con el viento, cuerpo inclinado, telescopio firme— está colocada exactamente donde tantas horas pasó observando . No representa a alguien que estuvo allí: es alguien que sigue allí.

Hay una lógica casi perfecta en este homenaje para un hombre que nos dejó a los 56 años, dejando un vacío inmenso pero un legado sólido. Bigas no fue únicamente un apasionado de las aves; fue uno de los grandes especialistas de Europa, pieza clave en los censos, en el anillamiento y en la restauración ambiental de la propia Alfacada.

Su trabajo como experto de la oficina catalana de anillamiento, ayudaron a monitorizar a miles de aves que hoy cruzan continentes. Por eso, al compartir espacio con su silueta, la sensación no es de nostalgia, sino de continuidad. Como si la observación no se hubiera interrumpido nunca.

Desde la torre tuve la ocasión y placer de observar a variedad de especies entre ellas la del Charrán común (Sterna hirundo), limpio, preciso, casi abstracto contra el azul. Se aprecia cómo planea un instante, corrige con una mínima torsión de alas y se lanza. Todo en él es economía y exactitud. se percibe esa línea perfecta del ala y la tensión invisible del aire.

Desde el mirador, con la figura que inmortaliza a David a unos metros, la escena cambia de escala. Ya no estás simplemente observando un ave en vuelo. Estás viendo, de alguna forma, lo mismo que él vio miles de veces. 

Confieso que no tuve la suerte de conocer a David Bigas en persona. No compartimos una jornada de campo ni intercambiamos impresiones frente a un telescopio mientras el sol caía sobre el Delta. Sin embargo, tras subir a esa torre y ver su silueta fundida con el horizonte, siento que ahora es imposible olvidarlo. Hay personas que, sin haber cruzado una palabra contigo, consiguen enseñarte a mirar. 

Sales de la torre con la impresión de haber estado en un lugar donde coinciden paisaje, memoria y precisión. Y eso no es poco.
 
 

Para reconocer al charrán común en esta época estival, hay que fijarse en su pico rojo con la punta negra y su caperuza negra azabache que llega justo hasta el ojo, rasgos que junto a sus patas de un rojo intenso y su cuerpo de un gris ceniza muy limpio definen su plumaje nupcial. A diferencia de otros charranes como el patinegro, que es más robusto y luce un pico negro con la punta amarilla, o los fumareles, que son más pequeños y de cuerpo mucho más oscuro (especialmente el cariblanco con su vientre plomizo), el común destaca por su silueta esbelta. Aunque la famosa cola ahorquillada no siempre es evidente si la mantienen cerrada durante el vuelo, su técnica de caza mediante picados limpios al agua lo distingue claramente de los fumareles, que suelen revolotear y 'picar' la superficie de forma mucho más superficial.

 

Ejemplar en pleno plumaje nupcial: el capirote negro azabache cubre toda la frente hasta la nuca y el pico luce su rojo más intenso. Es la imagen del adulto en su plenitud reproductiva, antes de que el invierno le aclare la frente y oscurezca su pico.

La tensión invisible del aire capturada en el arqueo de sus alas.

Sterna hirundo, Charrán Común, Xatrac comú, Common Tern.
El instante antes de decidir el picado.

El gris ceniza limpio del dorso y la ausencia de escamado pardo confirman que no es un juvenil; estamos ante un adulto que domina los vientos del Delta con sus mejores galas de temporada. 

Para identificar al charrán común en esta época nupcial, hay que fijarse en el contraste de sus puntas de las alas negras sobre su cuerpo claro y, sobre todo, en su cola profundamente ahorquillada.


 
David Bigas era un experto anillador. Gracias a su esfuerzo personal marcando a miles de ejemplares, hoy sabemos que los charranes en el Delta del Ebro bajan a invernar a países como Senegal o Namibia.
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📍 Lugar: Mirador David Bigas.  Delta del Ebro
📅 Fecha de observación: 19 de abril-2026
🌡️Clima :  🌤️ Nubes y claros;  Temp.: Máx.22°C/ Mín.13°C;  1014hPa. HR: 78%
🔗 Link en este blog :  Sterna Hirundo
📷  Equipo foto  Canon R7 + obj. 100-500 RF
©️ Todas las imágenes  PacoTorres