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FotoBirding en Sant Adrià de Besòs
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viernes, 30 de octubre de 2026

Un discreto habitante: Cárabo común (Strix aluco)



Un encuentro esperado entre los árboles del parque de Parc de Can Solei i Ca l'Arnús 

La presencia del cárabo común (Strix aluco) en este parque de Badalona no era desconocida para mí. Desde hace tiempo había escuchado sus características vocalizaciones nocturnas, ese inconfundible ulular que rompe el silencio de la noche con su sonido profundo y melancólico. En ocasiones, también se pueden escuchar sus reclamos más agudos y ásperos, que recuerdan a un relincho corto. 

Su presencia en esta zona ya había sido detectada por David Perpiñán, de Concolor Media, y yo mismo había tenido ocasión de observarlo, aunque hasta ahora no había conseguido fotografiarlo en este entorno.

La sorpresa llegó de nuevo en el Parc de Can Solei, donde lo he podido avistar por segundo año consecutivo prácticamente en el mismo lugar. Se encontraba descansando en un árbol que, por su aspecto, parece ser un plátano de sombra (Platanus × hispanica), aprovechando una de las irregularidades y bifurcaciones del tronco para permanecer parcialmente oculto.

Un discreto habitante del arbolado urbano

Como suele ser habitual en esta especie durante las horas diurnas, el cárabo permanecía bastante inmóvil, perfectamente camuflado entre la corteza y el ramaje. Al principio apenas dejaba ver parte de su cuerpo, lo que obligaba a buscar el mejor ángulo entre las hojas y las ramas.

Durante un rato pude observar sus pequeños movimientos de cabeza y los cambios en la expresión de sus grandes ojos oscuros. En algunos momentos parecía estar completamente adormecido, mientras que en otros abría los ojos para vigilar discretamente lo que sucedía a su alrededor.

La secuencia de fotografías recoge diferentes instantes de este encuentro: desde las primeras apariciones parciales entre el tronco y las hojas hasta algunos planos más cercanos en los que se aprecia perfectamente el detalle del disco facial y el espectacular diseño del plumaje.

Finalmente, después de permanecer un tiempo en su escondite, desapareció entre el ramaje y dejó de ser visible.

Un pequeño tesoro de la fauna urbana de Badalona

Volver a encontrarlo en el mismo emplazamiento que el año anterior es una buena noticia y una muestra del interés que pueden tener los parques históricos y sus árboles maduros para la fauna silvestre.

Aunque muchas veces pasa desapercibido por sus hábitos nocturnos y su extraordinario camuflaje, el cárabo común sigue formando parte de la biodiversidad de nuestros espacios verdes urbanos.

Conseguir finalmente fotografiarlo en Can Solei ha sido una satisfacción especial.

Un encuentro discreto, de esos que hacen que merezca la pena seguir observando y fotografiando la naturaleza que tenemos tan cerca de casa.



Primer contacto visual: el cárabo permanece parcialmente escondido detrás del tronco.

Asomándose entre las hojas, comienza a mostrar su rostro.
Cárabo. Strix aluco. Tawny Owl. Gamarús comú.

El plátano de sombra, un buen refugio para el cárabo.

Un instante de vigilancia desde su escondite.

Mirada frontal, con los grandes ojos oscuros tan característicos de la especie.

Primer plano del disco facial y del extraordinario detalle del plumaje.

El cárabo desaparece progresivamente entre el tronco y el follaje.

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📍 Lugar: Can Solei i Ca l'Arnus,  Badalona
📅 Fecha de observación:  30-octubre de 2026
🌡️CLIMA : 🌤️ Parcialmente nublado (Máx. 20°C / Mín. 15°C) , 1020 hPa. ; HR: 74 %
📷  Equipo foto :  Canon R7 + RF 100/400 x1,4
🔗 Link en este blog : Strix Aluco, Strigiformes 
©️ Todas las imágenes : PacoTorres

 

miércoles, 28 de octubre de 2026

La desembocadura del Besòs después de la riada: un paisaje transformado



Hoy, durante una nueva visita a la desembocadura del Besòs, he podido comprobar los cambios que ha dejado la riada del pasado 4 de octubre. El paisaje todavía muestra las consecuencias de aquella avenida de agua, que modificó el aspecto de las orillas, arrastró vegetación y dejó acumulaciones de restos vegetales y sedimentos en distintos puntos del cauce.

 
Uno de los elementos que más llama la atención es la pequeña balsa destinada a los anfibios. La fuerza del agua ha eliminado buena parte de la vegetación que la rodeaba y ha dejado al descubierto su estructura, incluida la lona impermeable del fondo. Lo que antes quedaba parcialmente oculto entre la vegetación aparece ahora a plena vista, rodeado de cañas tumbadas, barro y materiales arrastrados por la corriente.
 

 
 
Las fotografías permiten apreciar bien la magnitud de los cambios. En las zonas próximas a las escolleras y en las barras de gravas se observan restos de vegetación acumulados por la avenida, mientras que algunos márgenes han perdido parte de su cubierta vegetal. Al fondo, los puentes, las instalaciones industriales y las Tres Chimeneas recuerdan que estamos en un tramo fluvial profundamente condicionado por las infraestructuras y el entorno metropolitano.
 
Sin embargo, a pesar de las alteraciones visibles, la desembocadura continúa ofreciendo buenas oportunidades para observar aves. Durante la jornada de hoy he registrado 30 especies en ornitho.cat, una cifra que da una idea de la variedad de aves que utilizan este espacio en pleno otoño.
 

Entre las observaciones más destacadas está una águila calzada (Hieraaetus pennatus) en vuelo, de morfo claro. La fotografía permite apreciar el contraste entre las partes claras de la cara inferior de las alas y las remeras oscuras, que ayuda a reconocer esta especie.
 
 
Águila calzada.  Hieraaetus pennatus. Àguila calçada. Booted Eagle

 
También he podido fotografiar un andarríos chico (Actitis hypoleucos) sobre las rocas de la escollera. El contraste blanco del hombro y el pecho destaca sobre el resto del plumaje. En una de sus patas se aprecia una anilla metálica, un detalle que despierta la curiosidad y que podría aportar información sobre sus desplazamientos si fuera posible leer su código.
 
Actitis hypoleucos. Andarríos Chico. Xivitona. Common Sandpiper.

En la orilla, entre las cañas y la vegetación, se encontraba un zorzal común (Turdus philomelos), reconocible por las manchas oscuras en forma de punta de flecha que salpican su pecho claro. Mientras tanto, en una zona de agua tranquila nadaba un zampullín común (Tachybaptus ruficollis), pequeño y compacto, moviéndose cerca de la vegetación marginal.
 
 
Turdus philomelos. Zorzal Común. Tord comú. Song Thrush.
Tachybaptus ruficollis. Zampullín Común. Cabusset. Little Grebe.


Estas cuatro especies protagonizan las fotografías de la jornada, aunque la lista de observaciones es bastante más amplia. Entre las aves registradas figuran también el cernícalo vulgar, el martín pescador —con dos ejemplares anotados—, la garceta común, el cormorán grande y la gaviota de Audouin. A ellas se suman cinco aviones roqueros, además de distintas especies propias de los ambientes de ribera, como el ruiseñor bastardo, la curruca cabecinegra y el mosquitero común.
 
La variedad de aves resulta especialmente interesante en un momento en que el cauce todavía conserva señales evidentes de la crecida. Las modificaciones del terreno, la vegetación tumbada y las zonas de grava y barro forman ahora un paisaje diferente al que había antes del 4 de octubre. No todas las especies responden de la misma manera a estos cambios, y será interesante comprobar cómo evoluciona el espacio durante las próximas semanas.
 
La desembocadura del Besòs es un entorno muy condicionado por la actividad humana, pero sigue siendo un lugar de paso, alimentación y refugio para numerosas aves. Las visitas periódicas permiten observar tanto la presencia de las distintas especies como las transformaciones del propio río.
 
Entre los restos de la riada la balsa de anfibios que ha quedado inesperadamente al descubierto. 
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📍 Lugar: Desembocadura del Besòs. Sant Adrià de Besòs 
📅 Fecha de observación:  28-octubre de 2026
🌡️CLIMA : ☀️ Soleado  (Máx. 24°C / Mín. 18°C) , 1022 hPa. ; HR: 64 %
📷  Equipo foto :  Canon R7 + RF 100/400 x1,4
©️ Todas las imágenes : PacoTorres

 

lunes, 26 de octubre de 2026

Geografía ornitológica: Observar, seguir y comparar


Capítulo 12. Las aves en un territorio cambiante. observar, seguir y comparar.

El territorio nunca permanece exactamente igual. Las ciudades se expanden, los campos cambian de uso, los humedales se transforman y el clima modifica las condiciones de vida de numerosas especies. Mientras tanto, las aves siguen desplazándose, buscando alimento, encontrando lugares donde reproducirse o abandonando aquellos espacios que han dejado de ofrecerles lo que necesitan.

Observar estos movimientos es una manera de comprender cómo cambia el paisaje. Una golondrina que regresa en primavera, una especie que empieza a aparecer en una comarca donde antes era poco frecuente o la desaparición progresiva de determinadas aves de un humedal pueden ser indicios de transformaciones más profundas.
 
Pero, para reconocerlas, necesitamos algo más que observaciones aisladas. Necesitamos situarlas en el espacio, relacionarlas con el tiempo y compararlas con lo que sucedía años atrás.
 
Aquí es donde la cartografía ornitológica adquiere una nueva dimensión. Los atlas digitales, las plataformas de ciencia ciudadana y los sistemas de seguimiento permiten reunir miles de observaciones y convertirlas en una imagen cada vez más completa de la distribución de las aves.


Del mapa estático al territorio en movimiento.
 
 
 

El mapa deja de ser una fotografía fija del territorio y se convierte en una herramienta para observar cómo cambia la vida que lo habita.

Durante mucho tiempo, los atlas ornitológicos fueron una de las principales herramientas para conocer la distribución de las especies. A partir de observaciones realizadas durante periodos determinados, los investigadores podían representar su presencia en distintas zonas y comparar los resultados entre regiones.

Estos atlas siguen siendo esenciales, pero los mapas digitales permiten ir un paso más allá. A las distribuciones generales se pueden incorporar observaciones recientes, fechas, datos ambientales y registros acumulados durante años. De este modo, no solo podemos saber dónde se ha observado una especie, sino también cuándo aparece, cómo varía su presencia a lo largo de las estaciones y qué relación mantiene con los distintos ambientes.

Imaginemos un humedal del litoral catalán. En invierno recibe aves acuáticas que encuentran allí alimento y refugio; durante la primavera, otras especies lo utilizan como lugar de paso o reproducción. Si observamos únicamente un mapa anual, parte de esta dinámica puede quedar oculta. En cambio, cuando incorporamos las fechas de las observaciones, el mismo espacio revela una sucesión de usos y visitantes.

El territorio representado en el mapa ya no es una superficie inmóvil. Es un escenario que cambia con las estaciones y en el que cada especie encuentra oportunidades distintas.
 

Miles de observaciones, una mirada compartida
 
 
Buena parte de este conocimiento procede de personas que salen al campo con unos prismáticos, recorren un parque o anotan las aves que encuentran durante un paseo. Una observación aislada puede parecer insignificante, pero, cuando se registra correctamente y se suma a muchas otras, contribuye a construir una imagen más amplia.

En Cataluña, plataformas como Ornitho.cat permiten compartir observaciones de aves y otros grupos de fauna y flora. Estos registros ayudan a conocer la distribución de las especies y complementan los programas de seguimiento científico.

Pensemos, por ejemplo, en las observaciones realizadas en el delta del Llobregat, a lo largo del Besòs o en los parques urbanos de Barcelona. Cada registro aporta una pequeña pieza de información. Al reunirlos durante meses y años, pueden aparecer patrones estacionales, cambios en la presencia de determinadas especies o zonas que merecen una atención especial.

La ciencia ciudadana ha ampliado enormemente nuestra capacidad para observar el territorio. Sin embargo, también exige prudencia. Los lugares más visitados suelen acumular más registros que otros menos accesibles, y algunas aves resultan mucho más fáciles de detectar que otras. Por eso, los datos deben interpretarse teniendo en cuenta cómo, cuándo y dónde se han obtenido.

Ver más observaciones en un lugar no significa necesariamente que allí haya más aves. A veces significa, sencillamente, que hay más personas observándolas.

Esta distinción es importante porque un mapa no muestra toda la realidad: muestra la parte de esa realidad que hemos podido registrar.

Seguir los pasos de un ave
 


Los mapas de observaciones nos dicen dónde se ha detectado una especie, pero no siempre explican de dónde viene ni adónde se dirige. Para responder a estas preguntas, los investigadores recurren a técnicas como el anillamiento y, cuando resulta adecuado, a dispositivos de seguimiento que permiten reconstruir los desplazamientos de determinados individuos.
Gracias a estas herramientas, la migración ha dejado de ser únicamente una sucesión de lugares donde vemos aparecer y desaparecer aves. Podemos estudiar las rutas que recorren, las escalas que realizan y los espacios que necesitan para descansar durante sus viajes.

Imaginemos una pequeña ave que se reproduce en Europa y pasa el invierno en África. Observarla en Cataluña durante el paso otoñal nos permite situarla en un punto de su recorrido, pero no conocer toda su historia. El seguimiento individual puede revelar que utiliza determinados lugares para descansar o que depende de una cadena de hábitats separados por cientos o miles de kilómetros.

De repente, un pequeño espacio verde adquiere una importancia que quizá no advertiríamos al observarlo de manera aislada. Puede formar parte de una ruta mucho más extensa, en la que cada lugar ofrece una oportunidad para continuar el viaje.
Este conocimiento conecta directamente con la cuestión planteada en el capítulo anterior: la continuidad ecológica. Si desaparece un lugar de descanso o se degrada un humedal utilizado durante la migración, las consecuencias pueden ir más allá de sus límites geográficos.
Seguir a un ave significa, en cierto modo, aprender a mirar el territorio desde su perspectiva. No obstante, los movimientos de un individuo no representan necesariamente los de toda su población. Para comprender un patrón general, es necesario estudiar suficientes ejemplares y valorar las limitaciones de cada método.

Cuando el clima modifica el mapa

Las aves también responden a cambios que no siempre se perciben a simple vista. Las variaciones de temperatura, las sequías, la disponibilidad de alimento y los cambios en el calendario de las estaciones pueden modificar sus movimientos y su distribución.

Algunas especies empiezan a aparecer con mayor frecuencia en zonas donde antes eran escasas; otras cambian sus fechas de llegada o partida. También hay aves que pierden espacios adecuados para vivir y encuentran dificultades para desplazarse hacia otros lugares.

Los mapas permiten detectar estas variaciones, especialmente cuando disponemos de registros comparables a lo largo de muchos años. Pero descubrir un cambio no significa conocer automáticamente su causa.

Si una especie empieza a observarse con más frecuencia en una comarca, podría estar ampliando su área de distribución, modificando sus movimientos estacionales o simplemente beneficiándose de un mayor esfuerzo de observación. Para distinguir estas posibilidades, es necesario comparar los datos con información sobre el clima, el hábitat y las condiciones en las que se han realizado los registros.

La cartografía, por tanto, no siempre ofrece respuestas inmediatas. Su mayor utilidad consiste en revelar patrones, señalar preguntas y ayudarnos a comprender procesos que, observados día a día, podrían pasar inadvertidos.

El pasado también forma parte del mapa
 
 


Para saber cómo está cambiando un territorio, necesitamos conocer cómo era antes. Las observaciones actuales adquieren un significado mucho mayor cuando podemos compararlas con registros antiguos, atlas publicados décadas atrás o cuadernos de campo conservados por observadores y naturalistas.

Los proyectos de recopilación y digitalización de información histórica permiten recuperar observaciones que, de otro modo, permanecerían dispersas en archivos y documentos. Cuando estos datos se incorporan a bases de información actuales, es posible reconstruir parte de la historia de las poblaciones y de su relación con el paisaje.

Una cita antigua puede parecer una simple nota: una especie observada en un determinado lugar y fecha. Sin embargo, al compararla con los registros actuales, puede ayudar a identificar una desaparición local, un cambio en la distribución o una transformación en el uso estacional de un espacio.

El mapa del presente gana profundidad cuando puede dialogar con el mapa del pasado. Solo entonces empezamos a distinguir entre las variaciones habituales de la naturaleza y los cambios que merecen una explicación más detenida.
 

Del conocimiento a la conservación
 

 

Toda esta información tiene un propósito que va más allá de describir dónde están las aves. Conocer su distribución, sus movimientos y sus cambios a lo largo del tiempo puede ayudarnos a decidir qué espacios necesitan protección, qué conexiones ecológicas conviene recuperar y dónde es prioritario actuar.

Si los registros muestran que un humedal es utilizado regularmente por aves migratorias, esa información puede reforzar la necesidad de conservarlo. Si una especie deja de aparecer en una zona donde era habitual, será necesario investigar qué ha cambiado. Y si los datos indican que determinados hábitats están quedando aislados, la cartografía puede contribuir a orientar medidas para mejorar su conexión.
El mapa no sustituye el trabajo de campo ni garantiza por sí solo una buena decisión. Su valor depende de la calidad de los datos y de la capacidad para interpretarlos en su contexto. Pero, bien utilizado, permite reunir indicios dispersos y convertirlos en conocimiento útil para la conservación.

Al final, observar las aves es también observar el territorio. Sus llegadas y partidas, sus desplazamientos y sus cambios de distribución nos hablan de un paisaje que nunca permanece quieto.

Los atlas nos muestran patrones; las observaciones compartidas amplían nuestra mirada; el seguimiento individual revela movimientos, y los registros históricos nos permiten reconstruir lo que ha cambiado. Juntas, estas herramientas dibujan una geografía mucho más dinámica que la que podría mostrar un mapa convencional.

Cada observación añade un punto al mapa. Es la continuidad de esas observaciones en el tiempo la que nos permite descubrir la historia que los puntos, por separado, no pueden contar.
 
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🔗 Link en este blog:  Geografía ornitológica .
Cap.XI : El territorio fragmentado.
Cap.XII : Observar, seguir y comparar.
 

domingo, 25 de octubre de 2026

Un joven de aguililla calzada en el tramo final del río Besòs

 

Desde hace cuatro días, un ejemplar solitario de aguililla calzada (Hieraaetus pennatus) está siendo observado en el tramo final del río Besòs, en Sant Adrià de Besòs. La rapaz se mueve por distintos puntos de este entorno urbano, entre el solar de La Catalana, el área de las Tres Xemeneies y la desembocadura del río.

Su presencia está permitiendo disfrutar de cerca de una especie que, pese a su tamaño relativamente discreto, destaca por su elegancia en vuelo y su capacidad para maniobrar mientras patrulla el territorio en busca de alimento.

Un ejemplar de morfo claro

Las fotografías de Jose Molis y Miguel Jodas Gomis (Micaletjg en Instagram ), colaboradores habituales, permiten complementar las imágenes que he podido obtener hoy durante el seguimiento del ejemplar.

El individuo presenta el morfo claro, con las partes inferiores del cuerpo predominantemente pálidas y un marcado contraste con las rémiges oscuras. En vuelo, este patrón resulta especialmente visible cuando planea con las alas extendidas, mostrando la característica silueta de esta pequeña rapaz.

Por su aspecto general, podría tratarse de un ejemplar joven, aunque sería necesario valorar con detalle otros rasgos del plumaje y la coloración del iris para determinar su edad con mayor seguridad.

 

©️ Fotos de Jose ( JMolisBustara en Facebook )

©️ Fotos de Miguel (Micalet JG en Instagram) 

Observaciones anotadas en www.ornitho.cat de àguila calçada. 

 

 

Vigilada y acosada por las urracas

 

Con el marco de  las icónicas Tres Xemeneies de Sant Adrià de Besòs, varias urracas hostigan al joven de aguililla calzada, un comportamiento defensivo habitual en los córvidos  cuando una rapaz entra en su territorio de cría o campeo.

Las urracas, perfectamente coordinadas y  superiores en agilidad de maniobra, escoltan y presionan al joven planeador para obligarle a abandonar la zona.

Durante la jornada de hoy he podido fotografiar al aguililla mientras sobrevolaba el entorno de las Tres Xemeneies y el cauce del Besòs. En algunas de estas escenas también aparecen las urracas (Pica pica), que se acercan a la rapaz y la acosan en vuelo, un comportamiento habitual de defensa territorial frente a posibles depredadores.

La combinación de las imágenes permite apreciar tanto los detalles del plumaje como el contexto en el que se mueve el ejemplar: un paisaje donde la vegetación de ribera, el cauce fluvial y las grandes estructuras industriales forman un escenario muy particular para la observación de aves.

Habrá que seguir atentos a su evolución durante los próximos días para comprobar si continúa frecuentando este tramo del río Besòs.

Una magnífica oportunidad para documentar la presencia de esta rapaz en un entorno cercano, donde cada observación aporta nuevos detalles sobre su comportamiento.

 

 

Plano dorsal en picado donde se observa la estructura alar completa. Las plumas escapulares marcan dos franjas simétricas muy claras sobre el dorso pardo, un rasgo distintivo de campo que ayuda a identificar a la especie incluso a gran distancia o con luz dura.

Perspectiva ventral durante un viraje. El contraste del morfo claro es inconfundible: pecho y cobertoras inferiores de las alas casi blancos que resaltan frente al borde posterior oscuro de las plumas remeras. En las garras recogidas se aprecia la presa o material que transportaba durante el vuelo.

Vista superior del joven de aguililla calzada en planeo horizontal. En este plano destacan con claridad las dos manchas blancas en el borde de ataque del hombro, conocidas popularmente como "luces de aterrizaje", así como la franja pálida en la zona supracaudal (obispillo) y los tonos leonados y rojizos de la cabeza y nuca, típicos de este plumaje de primer año.


El escenario de las observaciones: el tramo final del río Besòs a su paso por Sant Adrià de Besòs. Al fondo se perfilan las Tres Xemeneies, mientras la vegetación de ribera sirve de posadero y punto de acecho para esta y otras especies que frecuentan la desembocadura.

 

Ilustración en acuarela de una aguililla calzada en vuelo (Hieraaetus pennatus).

 


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📍 Lugar: Parc Fluvial Besòs. Sant Adrià de Besòs 
📅 Fecha de observación:  25-octubre de 2026
🌡️CLIMA : ☀️ Soleado  (Máx. 22°C / Mín. 12°C) , 1021 hPa. ; HR: 65 %
📷  Equipo foto :  Canon R7 + RF 100/400 x1,4
©️ Todas las imágenes : PacoTorres