A mediados de octubre, cuando el otoño empieza a hacerse notar y los cielos van quedando poco a poco más despejados de aves estivales, todavía podemos llevarnos una sorpresa sobre el litoral de Barcelona: la silueta de algún vencejo real (Tachymarptis melba) que cruza el cielo en dirección al sur. Son ya fechas tardías para la especie y el grueso del paso migratorio ha quedado atrás, pero algún rezagado puede continuar su viaje hacia las tierras africanas donde pasará los meses siguientes.
¿De dónde vienen estos viajeros? El vencejo real cría en buena parte del sur de Europa y se extiende también por regiones más orientales. En el caso de las poblaciones europeas, sus áreas de reproducción incluyen países como España, Francia, Suiza, Italia y Austria, entre otros. Sin embargo, no podemos saber de qué colonia procede un ejemplar que vemos pasar sobre Barcelona si no disponemos de datos que permitan identificar su origen. Lo que sí sabemos, gracias a los estudios de seguimiento realizados con pequeños dispositivos colocados a algunas aves, es que las poblaciones europeas migran hacia África y que los vencejos reales estudiados en Suiza pasan la época no reproductora en África occidental. Por tanto, cuando uno de estos pájaros cruza nuestro cielo otoñal, puede estar recorriendo una etapa de un viaje que lo llevará mucho más allá del horizonte mediterráneo.
Y aquí aparece uno de los aspectos más sorprendentes de su biología. El vencejo real está extraordinariamente adaptado a la vida en el aire. Captura insectos durante el vuelo, aprovecha las corrientes atmosféricas y puede permanecer largos periodos sin posarse. En 2013, un estudio publicado en la revista científica Nature Communications, realizado mediante dispositivos de seguimiento, aportó pruebas de que algunos vencejos reales pueden mantenerse en vuelo durante más de seis meses. Los investigadores comprobaron que las aves estudiadas desarrollaban en el aire sus actividades habituales, tanto durante la migración como mientras se alimentaban y descansaban. ( https://www.nature.com/articles/ncomms3554 ). Más de seis meses sin tocar tierra: cuesta imaginarlo desde nuestra perspectiva, tan ligada al suelo. Pero conviene precisar que este resultado se obtuvo en ejemplares concretos y no significa que todos los vencejos reales permanezcan siempre en vuelo durante exactamente el mismo tiempo. Tampoco permite afirmar que un ave observada en Barcelona vaya a recorrer una distancia determinada sin detenerse. La ruta y el desplazamiento de cada individuo dependen de su población de origen y de su comportamiento migratorio.
Aun así, las distancias implicadas son considerables. Entre Europa y las zonas de invernada del África subsahariana hay muchos kilómetros (entre 5000 y 10000 Km) , aunque no existe una cifra única aplicable a todos los vencejos reales. El recorrido real depende del punto de partida, del destino y de la ruta seguida. Lo extraordinario no es solamente la distancia, sino la capacidad de estas aves para alimentarse y mantener su actividad en el aire durante periodos prolongados. El estudio de sus movimientos ha permitido conocer una parte de una vida que, hasta hace relativamente poco, resultaba muy difícil de seguir.
En el entorno de Barcelona, la costa y los espacios abiertos pueden ofrecer buenas oportunidades para detectar a los últimos migrantes. También merece la pena prestar atención a los cielos desde lugares elevados, donde se dispone de una mayor amplitud de observación. En estas fechas no cabe esperar necesariamente las concentraciones de aves que podemos contemplar al final del verano: quizá solo aparezca uno, quizá un pequeño grupo, y en ocasiones pasarán inadvertidos entre las nubes o a una altura considerable.
A cierta distancia, su silueta resulta característica. El cuerpo robusto, las alas largas y curvadas y el vuelo poderoso permiten distinguirlo de otros vencejos cuando las condiciones de observación son buenas. Si conseguimos verlo por la parte inferior, el contraste entre la garganta y el vientre blancos, separados por una banda pectoral oscura, ofrece una de sus mejores señas de identificación.
Pronto dejarán de verse por nuestros cielos los últimos ejemplares en paso. Durante el invierno, su ausencia nos recordará que las estaciones también se suceden muy por encima de nuestras cabezas, siguiendo rutas que solo poco a poco vamos descubriendo. Habrá que esperar a la próxima primavera para volver a disfrutar de sus vuelos y de sus voces sobre nuestros pueblos, ciudades y roquedos.
Mientras tanto, esta acuarela quiere conservar la imagen de uno de esos viajeros incansables: un vencejo real en pleno vuelo, camino de tierras lejanas, ajeno a las fronteras que trazamos sobre los mapas y fiel al ritmo de su propia naturaleza.
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