La Tortura de la Pantalla .
Quienes empezamos en esto cuando la fotografía se medía en milímetros de celuloide y no en gigabytes, recordamos perfectamente lo que significaba salir al campo con un límite físico riguroso. Llevabas en la mochila un par de carretes de 24 o 36 exposiciones, y cada vez que el dedo se posaba sobre el disparador, una calculadora mental se activaba instantáneamente.
En la época analógica, la fotografía de fauna era un ejercicio de paciencia extrema y, sobre todo, de selección previa. Disparar a ciegas o por probar era un lujo que pocos se podían permitir; cada fotograma costaba dinero real (compra, revelado y positivado) y el sonido del obturador exigía la certeza de que el momento era el adecuado. Lo normal era fotografiar aves posadas, buscando estar lo más cerca posible con las ópticas de la época y asegurando el tiro con foco manual. Si fallabas el foco o el animal se movía en ese instante, no lo sabías hasta que recogías los negativos revelados días después.
Hoy, el panorama es radicalmente opuesto. Salimos al campo con tarjetas de memoria capaces de almacenar miles de archivos RAW sin inmutarse. Ya no se dispara foto a foto; ahora la norma es asegurar la acción. Ante cualquier escena mínimamente interesante, la cámara encadena ráfagas de diez, veinte o treinta imágenes en un par de segundos.
Cualquier salida rutinaria por la mañana a un humedal se traduce fácilmente en cientos o miles de imágenes en la tarjeta. Hemos sustituido la búsqueda del instante único por la captura masiva de secuencias completas.
Para ilustrarlo perfectamente, echad un vistazo a esta secuencia que pude fotografiar recientemente de una familia de somormujos lavancos (Podiceps cristatus) con sus pollos:
Este mosaico es el vivo reflejo de la fotografía actual. En la época del carrete químico, intentar registrar paso a paso el movimiento de los adultos con las crías, sus aproximaciones al carrizal y las interacciones entre ellos habría supuesto gastar un carrete entero en apenas unos minutos. Hoy, nos podemos permitir el lujo de captar la escena desde que entran en juego hasta que se ocultan en la vegetación.
Técnicamente, la abundancia digital es una bendición. Conseguir el milisegundo exacto en que un pollo estira el cuello para recibir la ceba de su progenitor, o el instante en que dos adultos se cruzan en paralelo, es hoy mucho más viable. Negar esto sería absurdo.
La ráfaga te asegura que captas el ojo del ave perfectamente nítido y sin parpadeos, registrando a la vez el detalle de los polluelos con su característico plumaje rayado.
Lo mismo ocurre cuando se desplazan pegados a la orilla . La velocidad de disparo te permite elegir el encuadre donde la composición entre el carrizal, el adulto vigilante y las crías en fila india sea la más equilibrada.
Sin embargo, este buffet libre de imágenes no ha eliminado el esfuerzo, simplemente ha trasladado el trabajo del terreno al ordenador
Antes: El filtro se hacía antes de disparar. El fotógrafo descartaba con el ojo y la cabeza. El descarte era previo.
Ahora: El filtro se hace después, frente a la pantalla. Llegar a casa con decenas de fotos idénticas de la misma secuencia —como vemos en el plano corto de los adultos con la prole en somormujo lavanco con pollos para acabar guardando solo una o dos es la rutina habitual.
El trabajo de campo se ha aligerado, pero las horas de criba y edición delante de la pantalla se han multiplicado de forma exponencial.
Con tanta tecnología, da la sensación de que dependemos demasiado de la estadística: si disparo doscientas fotos, alguna tendrá que salir bien. Pero la realidad es que la velocidad solo captura lo que tú pones delante del objetivo.
Por muy rápida que sea la ráfaga de una cámara moderna, si no conoces los comportamientos, hábitos, costumbres de las especies, si la cámara no está bien configurada con los parámetros adecuados (velocidad, ISO, obturación) acabamos volviendo a casa con miles de archivos inservibles en lugar de un puñado de fotos que merezcan la pena. Desde el año 2000 estamos plenamente instalados en la era digital, pero las reglas básicas no han cambiado tanto. La tecnología pone la cantidad y la velocidad; el fotógrafo sigue poniendo el ojo y el criterio técnico.
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📍 Lugar: Delta del Llobregat. El Remolar-Filipines
📅 Fecha de observación: 26 de mayo-2026
🌡️CLIMA : 🌞 Día soleado Temp. Máx. 28°C / Mín. 17°C , 1025 hPa. HR: 50%
🔗 Link en este blog : Podiceps cristatus 📷 Equipo foto : Nikon P950
©️ Todas las imágenes PacoTorres