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FotoBirding en Sant Adrià de Besòs
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jueves, 15 de octubre de 2026

Los últimos vencejos reales antes de la primavera

A mediados de octubre, cuando el otoño empieza a hacerse notar y los cielos van quedando poco a poco más despejados de aves estivales, todavía podemos llevarnos una sorpresa sobre el litoral de Barcelona: la silueta de algún vencejo real (Tachymarptis melba) que cruza el cielo en dirección al sur. Son ya fechas tardías para la especie y el grueso del paso migratorio ha quedado atrás, pero algún rezagado puede continuar su viaje hacia las tierras africanas donde pasará los meses siguientes.

 
¿De dónde vienen estos viajeros? El vencejo real cría en buena parte del sur de Europa y se extiende también por regiones más orientales. En el caso de las poblaciones europeas, sus áreas de reproducción incluyen países como España, Francia, Suiza, Italia y Austria, entre otros. Sin embargo, no podemos saber de qué colonia procede un ejemplar que vemos pasar sobre Barcelona si no disponemos de datos que permitan identificar su origen. Lo que sí sabemos, gracias a los estudios de seguimiento realizados con pequeños dispositivos colocados a algunas aves, es que las poblaciones europeas migran hacia África y que los vencejos reales estudiados en Suiza pasan la época no reproductora en África occidental.  Por tanto, cuando uno de estos pájaros cruza nuestro cielo otoñal, puede estar recorriendo una etapa de un viaje que lo llevará mucho más allá del horizonte mediterráneo.
 
Y aquí aparece uno de los aspectos más sorprendentes de su biología. El vencejo real está extraordinariamente adaptado a la vida en el aire. Captura insectos durante el vuelo, aprovecha las corrientes atmosféricas y puede permanecer largos periodos sin posarse. En 2013, un estudio publicado en la revista científica Nature Communications, realizado mediante dispositivos de seguimiento, aportó pruebas de que algunos vencejos reales pueden mantenerse en vuelo durante más de seis meses. Los investigadores comprobaron que las aves estudiadas desarrollaban en el aire sus actividades habituales, tanto durante la migración como mientras se alimentaban y descansaban. ( https://www.nature.com/articles/ncomms3554 ).
Más de seis meses sin tocar tierra: cuesta imaginarlo desde nuestra perspectiva, tan ligada al suelo. Pero conviene precisar que este resultado se obtuvo en ejemplares concretos y no significa que todos los vencejos reales permanezcan siempre en vuelo durante exactamente el mismo tiempo. Tampoco permite afirmar que un ave observada en Barcelona vaya a recorrer una distancia determinada sin detenerse. La ruta y el desplazamiento de cada individuo dependen de su población de origen y de su comportamiento migratorio.
 
Aun así, las distancias implicadas son considerables. Entre Europa y las zonas de invernada del África subsahariana hay muchos kilómetros (entre 5000 y 10000 Km) , aunque no existe una cifra única aplicable a todos los vencejos reales. El recorrido real depende del punto de partida, del destino y de la ruta seguida. Lo extraordinario no es solamente la distancia, sino la capacidad de estas aves para alimentarse y mantener su actividad en el aire durante periodos prolongados. El estudio de sus movimientos ha permitido conocer una parte de una vida que, hasta hace relativamente poco, resultaba muy difícil de seguir.
 
En el entorno de Barcelona, la costa y los espacios abiertos pueden ofrecer buenas oportunidades para detectar a los últimos migrantes. También merece la pena prestar atención a los cielos desde lugares elevados, donde se dispone de una mayor amplitud de observación. En estas fechas no cabe esperar necesariamente las concentraciones de aves que podemos contemplar al final del verano: quizá solo aparezca uno, quizá un pequeño grupo, y en ocasiones pasarán inadvertidos entre las nubes o a una altura considerable.
 
A cierta distancia, su silueta resulta característica. El cuerpo robusto, las alas largas y curvadas y el vuelo poderoso permiten distinguirlo de otros vencejos cuando las condiciones de observación son buenas. Si conseguimos verlo por la parte inferior, el contraste entre la garganta y el vientre blancos, separados por una banda pectoral oscura, ofrece una de sus mejores señas de identificación.
 
Pronto dejarán de verse por nuestros cielos los últimos ejemplares en paso. Durante el invierno, su ausencia nos recordará que las estaciones también se suceden muy por encima de nuestras cabezas, siguiendo rutas que solo poco a poco vamos descubriendo. Habrá que esperar a la próxima primavera para volver a disfrutar de sus vuelos y de sus voces sobre nuestros pueblos, ciudades y roquedos.
 
 
 
Mientras tanto, esta acuarela quiere conservar la imagen de uno de esos viajeros incansables: un vencejo real en pleno vuelo, camino de tierras lejanas, ajeno a las fronteras que trazamos sobre los mapas y fiel al ritmo de su propia naturaleza.


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📝 Dibujo y texto: Paco Torres
🔗 Link en este blog : 
Vencejo real, Tachymarptis melba, anteriormente Apus melba, ballester en catalán
📅 Fecha: Octubre-2026
 

martes, 13 de octubre de 2026

Gorriones a la parrilla en Japón.

 
Recientemente he recibido una fotografía que han tomado mi hija y su marido durante su viaje por Japón, en un puesto de comida del conocido mercado de Nishiki, en pleno corazón de Kioto. Como conocen bien mi afición a la ornitología y la observación de campo, no dudaron en inmortalizar la escena y mandármela. El impacto al ver la imagen fue doble: por un lado, la crudeza visual de lo expuesto; por otro, un error de identificación monumental en la propia cartelería del puesto que a un ojo habituado no se le podía pasar por alto.



En el mostrador del mercado, dispuestas cuidadosamente sobre una rejilla metálica, se exhibían varias brochetas de pequeñas aves paseriformes enteras, asadas al carbón y maceradas en salsa oscura. El reclamo turístico del puesto lo anunciaba en inglés de forma bastante explícita: “SPARROW CHALLENGE!!”.

Para situarnos en contexto, conviene recordar que en la avifauna del archipiélago japonés el gorrión molinero (Passer montanus ssp saturatus) ocupa el espacio que en Europa se reparten el gorrión común y el propio molinero. Al no existir allí el Passer domesticus, el molinero es el rey absoluto de los entornos urbanos y agrícolas, dominando desde parques y templos céntricos hasta los grandes campos de cultivo. La venta de estas brochetas —conocidas tradicionalmente como suzume-yaki— no es ninguna ocurrencia moderna para el visitante incauto, sino una costumbre rural con raíces históricas muy consolidadas. Durante siglos, las densas bandadas de Passer montanus se consideraron plagas verdaderamente destructivas en las zonas arroceras durante la fase de maduración del grano. Su captura masiva mediante redes en los campos permitía proteger la cosecha y, al mismo tiempo, aportar una valiosa fuente de proteína animal. En Kioto, y muy especialmente en torno al santuario de Fushimi Inari o en las estrechas galerías de Nishiki, este plato terminó consolidándose como una oferta ligada a los propios ritos agrícolas de protección de la cosecha.

Sin embargo, lo más llamativo de la foto para cualquiera que examine la escena con criterio taxonómico no son solo las aves ensartadas, sino la fotografía decorativa que han colocado en la parte superior del cartel. Quien diseñó la cartelería del puesto probablemente buscó en internet la palabra inglesa “sparrow” para ilustrar la venta y descargó la primera imagen en alta resolución que encontró, cometiendo un despiste geográfico y sistemático monumental.
 


Si nos fijamos en la foto de la cabeza del gorrión, destaca con absoluta nitidez una mancha amarilla muy viva entre el pico y el ojo, flanqueada por listas superciliares blancas y un capirote bien marcado. No se trata de ningún Passer asiático ni europeo; la especie retratada es un gorrión de garganta blanca (Zonotrichia albicollis), un emberízido estrictamente norteamericano que nada tiene que ver con la fauna del Extremo Oriente. Es la gran paradoja de la publicidad frente a la biogeografía: anunciar la venta de un paseriforme local (Passer montanus) ilustrándolo con la fotografía de una especie neártica que nidifica a miles de kilómetros de distancia.

Quienes disfrutamos observando a estas pequeñas aves en el campo, atentos a sus pautas de comportamiento en matorrales o zonas de vegetación ribereña, sentimos un inevitable choque al verlas reducidas a la inmediatez de un mostrador de mercado, servidas enteras con cabeza y osamenta. La ornitología y la geografía nos enseñan a examinar la realidad con objetividad: cada cultura ha moldeado su relación con la avifauna en función de sus necesidades históricas y su entorno. Lo que para un aficionado europeo es una especie cotidiana en los paseos de observación, en un puesto de Kioto sigue siendo el antiguo azote de los arrozales transformado en bocado rápido, acompañado, eso sí, de un curioso e insólito despiste de identificación fotográfica.
 
 








 
 
 
Foto: Marcos R.
Dibujos: Paco Torres
Fecha: Octubre-2026

miércoles, 30 de septiembre de 2026

Unos que vienen otros que se van: cormoranes y chorlitejos



El río parece estar siempre pendiente del calendario, y uno, a base de caminar por el Parc Fluvial del Besòs por el tramo de Sant Adrià, termina aprendiendo a leer esos pequeños cambios invisibles que marcan el cambio de estación. Unos llegan mientras otros todavía se resisten a hacer las maletas, y hoy la orilla era un reflejo exacto de ese relevo.

Llevaba días cruzándome con los cormoranes grandes (Phalacrocorax carbo), viéndolos pasar volando río arriba o río abajo con ese rumbo tan suyo, atravesando el paisaje sin detenerse. Pero hoy la estampa ha cambiado por fin. He contado hasta cuatro ejemplares posados en el cauce, repartidos entre las piedras y el agua. Ya no iban de paso; uno estiraba las alas sobre los cantos, otro avanzaba despacio y los demás permanecían tranquilos, integrados del todo en el río. Con el frío a la vuelta de la esquina, su presencia por aquí se alargará hasta bien entrada la primavera.

Muy cerca de allí, el contraste lo ponían los que llevan meses aguantando el tipo. Todavía quedan tres chorlitejos chicos (Charadrius dubius) correteando entre las gravas, apurando los últimos compases de una temporada que arrancó allá por marzo. Uno lleva la anilla; consultando su historial, se sabe que es una hembra anillada hace cinco años en Montcada i Reixac. Ese simple distintivo convierte al ave en una vieja conocida, con una historia individual y un seguimiento que viene de lejos. Una especie estival que dentro pocos días se marchará.
 
Al final, pasear por el Besòs tiene esa magia de mirar quién ocupa el cauce hoy y quién ya no está. Unos que nacen, otros que vendrán... y el río sigue, un poco como la canción de Julio Iglesias ¡La vida sigue igual!

 
Los cormoranes grandes (Phalacrocorax carbo) han decidido posarse e instalarse en el cauce, rodeados por la concentración de gaviotas habitual en el tramo de Sant Adrià.

Las aguas someras del del Besòs, donde se mezclan las aves que se van y las que llegan para pasar el invierno

Esta hembra de chorlitejo chico (Charadrius dubius), anillada hace cinco años, sigue aguantando en la grava del Besòs a finales de septiembre, apurando sus últimos días antes del viaje migratorio. Durante este año hizo una puesta en este tramo del río que finalmente la perdió. 

 

Cuesta de ver los chorlitejos en la orilla mimetizados con los cantos rodados.


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📍 Lugar: Parc Fluvial Besòs . Sant Adrià de Besòs 
📅 Fecha de observación:  30-septiembre de 2026
🌡️CLIMA : ☁️Nublado  , Máx. 27°C / Mín. 22°C , 1019 hPa. ; HR: 68 %
📷  Equipo foto :  Canon R7 + RF 100/400 x1,4
🔗 Link en este blog : Charadrius dubius, Phalacrocorax carbo
©️ Todas las imágenes de PacoTorres . 
 

viernes, 25 de septiembre de 2026

Tres habitantes de la vegetación ruderal: curruca zarcera, buitrón y papamoscas cerrojillo

Hay días en los que salir al campo no significa buscar grandes rapaces ni especies especialmente llamativas. A veces, entre las ramas, los carrizos y la vegetación que tenemos más cerca, aparecen pequeñas aves que nos obligan a detenernos y mirar con un poco más de atención.
En la pradera del Parc Fluvial del Besòs, justo donde han dejado algunas franjas sin segar. Entre tanto tallo seco, hierba alta y zarza,  he podido observar a tres paseriformes muy distintos: la curruca zarcera, el buitrón y el papamoscas cerrojillo. 




La primera de ellas es la curruca zarcera (Curruca communis), una pequeña ave que suele mantenerse bastante escondida entre arbustos y matorrales.
Su plumaje, en tonos pardos y grisáceos, le proporciona un buen camuflaje cuando se mueve entre ramas y hojas. Tiene una cola relativamente larga y, dependiendo del sexo y de la época del año, pueden apreciarse diferencias en la coloración de la cabeza y las partes superiores.
Es una especie que podemos encontrar en zonas de matorral, setos, claros y bordes de bosques. Durante la época de reproducción se alimenta principalmente de insectos y otros pequeños invertebrados, mientras que los frutos adquieren mayor importancia en determinadas épocas del año.
Es de esas aves que muchas veces se escuchan antes de conseguir verlas. Cuando finalmente se deja observar entre la vegetación, merece la pena aprovechar el momento.
 

Curruca cmmunis (antes Sylvia communis). Curruca Zarcera. Tallareta vulgar. Greater Whitethroat.
El cambio de nombre se debió a una reorganización filogenética basada en análisis de ADN que fragmentó el antiguo y amplio género Sylvia para reflejar mejor el parentesco evolutivo, rescatando el género Curruca para estas aves. Este cambio taxonómico se oficializó globalmente en 2020  pasando de su denominación clásica establecida por John Latham en 1787.

 

Juvenil de curruca zarcera lidiando con el calor y abriendo el pico para termorregular 

 


La segunda especie fotografiada corresponde al cistícola buitrón (Cisticola juncidis), un pequeño habitante de herbazales, campos y zonas con abundante vegetación baja.
Su tamaño es reducido y su plumaje, predominantemente pardo y listado, hace que pueda pasar completamente desapercibido cuando permanece entre los tallos.
El buitrón está muy ligado a este tipo de ambientes y tiene un comportamiento bastante característico. Se desplaza entre la vegetación y, cuando levanta el vuelo, suele realizar un vuelo ondulante antes de volver a esconderse entre las plantas.
A pesar de su pequeño tamaño, es un ave que puede resultar relativamente fácil de localizar una vez conocemos su reclamo y aprendemos a reconocer ese vuelo tan particular.
 
 

 Cisticola juncidis. Buitrón. Trist.  Zitting Cisticola.

Al colocarse en un punto despejado y elevado, gana visibilidad para detectar presas (insectos) a distancia y, al mismo tiempo, emite con frecuencia su característico reclamo metálico repetitivo para marcar los límites de su zona.

 
Perfectamente mimetizado entre los tallos de la vegetación ruderal, un buitrón se mueve con agilidad en su hábitat habitual

En su perfil destaca un plumaje muy rayado de tonos ocres y pardos para camuflarse en la maleza y un pico fino y puntiagudo ideal para atrapar insectos. Su silueta compacta con cola corta completa su perfecta adaptación para moverse con agilidad a ras de suelo.


La tercera especie es el papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca).
A diferencia de las dos anteriores, su silueta resulta quizá algo más fácil de reconocer cuando se posa en un lugar despejado. Es un pequeño insectívoro que suele utilizar una rama o un posadero desde el que vigila su entorno para lanzarse rápidamente a capturar insectos en vuelo.
En la fotografía destaca especialmente el contraste entre las partes oscuras del cuerpo y las zonas blancas de las alas y de las partes inferiores.
 
El papamoscas cerrojillo es además una especie migradora. Durante sus desplazamientos puede aparecer en muchos lugares donde encuentra buenas condiciones para alimentarse, utilizando árboles, arbustos y otros puntos elevados como puestos de caza.
Lo curioso de estas tres observaciones es comprobar cómo un mismo entorno puede ofrecer refugio y alimento a especies con comportamientos muy diferentes.
 

Detalle de la espalda pardo-grisácea y el característico panel alar blanco de un joven  Ficedula hypoleuca. Papamoscas Cerrojillo. Mastegatatxes. European Pied Flycatcher. 

 

Siempre alerta para detectar el movimiento de los insectos desde su posición

Papamoscas cerrojillo posado sobre la punta rota de una caña que sobresale de la densa pantalla vegetal formada por los cañaverales del margen, la cual actúa como barrera sobre el cauce del río.
  

La curruca zarcera se mueve entre los arbustos y el matorral; el buitrón está estrechamente ligado a los tallos de la vegetación baja; y el papamoscas cerrojillo aprovecha las ramas como puntos desde los que localizar sus presas.

Son aves pequeñas y, en ocasiones, difíciles de localizar. Precisamente por eso cada encuentro tiene algo especial.

Observarlas y fotografiarlas también es una forma de aprender a mirar de otra manera los espacios que tenemos alrededor y que dejar que la vegetación de la pradera del Parc Fluvial crezca un poco a su aire es la mejor manera de ver fauna de verdad.
 
 
Pradera del Parc Fluvial Besòs tramo de Santa Coloma de Gramenet.

 
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📍 Lugar: Parc Fluvial Besòs. Santa Coloma de Gramenet.  
📅 Fecha de observación:  24-septiembre de 2026
🌡️CLIMA : ☀️ Mayormente soleado  (Máx. 28°C / Mín. 19°C) , 1022 hPa. ; HR: 57 %
📷  Equipo foto :  Canon R7 + RF 100/500
©️ Todas las imágenes Paco Torres
 

lunes, 21 de septiembre de 2026

Paso migratorio en el Puig Castellar: Abejeros y gavilanes


La temporada de migración nunca deja de darnos sorpresas y buenos momentos en el campo. Hoy por la mañana hemos vuelto al Puig Castellar para continuar con las observaciones.

La jornada comenzó con un tiempo algo revuelto: al llegar soplaba el viento y se notaba un punto de fresco. Al principio, las aves se hicieron de rogar y tardaron en dejarse ver. Sin embargo, en cuanto el viento amainó y el sol comenzó a calentar con fuerza, el flujo de movimiento despegó por completo.

En cuanto a la ruta, pudimos seguir el flujo de las aves bajando desde el norte, cruzando con claridad por los Valleses (tanto el Oriental como el Occidental) y con algunos ejemplares descolgándose también por la vertiente marítima, todos ellos con una clara y firme dirección sur.

Lo más destacado del día:
 
 
Abejeros europeos (Pernis apivorus): Un total de 12 ejemplares cruzando el cielo, una cifra magnífica para una sola mañana de observación. 
 
 
Gavilanes comunes (Accipiter nisus): Hemos contado 8 gavilanes aprovechando las corrientes y mostrando ese vuelo tan dinámico.

Mañanas como esta reafirman que, en la observación de pasos migratorios, la paciencia es la mejor aliada del observador.
 
Galería de imágenes :   
 
Pernis apivorus. Abejero Europeo. Aligot vesper. European Honey-buzzard.

Un individuo joven de abejero

Abejero europeo capturado en un momento de avance firme, mostrando la estructura alar plana y robusta.

Accipiter nisus. Gavilán. Esparver comú. Eurasian Sparrowhawk.

Detalle de gavilán aprovechando las térmicas, donde se aprecia la silueta compacta y la cola larga típica de este pequeño accipítrido migrador.

 
 

En esta panorámica desde el Puig Castellar, con el Tibidabo al fondo, vemos a Miguel (Micalet JG en Instagram)  en plena acción, cámara en mano y con un potente teleobjetivo equipado. Esta es la herramienta fundamental para obtener las capturas en vuelo que, posteriormente, nos permiten realizar una identificación precisa de cada rapaz observada y confirmar el paso migratorio con total fiabilidad.

Vista panorámica hacia el norte desde el mirador del Puig Castellar. En primer término asoman los restos del poblado íbero, abriendo la mirada sobre la Cordillera de Marina con el complejo del Hospital Germans Trias i Pujol al fondo. Este corredor natural actúa como la gran puerta de entrada de las rapaces procedentes del norte en su migración en dirección sur. 
 

 


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📍 Lugar:   Puig Castellar. Santa Coloma de Gramenet 
📅 Fecha de observación:  21-septiembre de 2026
🌡️CLIMA : ☀️ Soleado  (Máx. 31°C / Mín. 20°C) , 1024 hPa. ; HR: 62 %; Visibilidad 29 Km.
📷  Equipo foto :  Canon R7 + RF 100/500
🔗 Link en este blog : Pernis apivorus; Accipiter nisus
©️ Todas las imágenes Paco Torres 

jueves, 17 de septiembre de 2026

Tres collalbas grises en la duna de la desembocadura

 

Esta mañana, en la desembocadura del Besòs, me encontré con tres collalbas grises (Oenanthe oenanthe) moviéndose entre la arena, la grava y la vegetación baja del cordón dunar. El cielo estaba completamente cubierto y la luz, gris y suave, hacía que los tonos pardos y ocres de las aves se integraran todavía más con el terreno. Las fui siguiendo mientras se desplazaban de un lado a otro, parándose de vez en cuando para buscar alimento entre las piedras y las pequeñas plantas que crecen en esta zona litoral.

Las tres me permitieron observarlas desde diferentes ángulos. En unas fotografías se aprecia muy bien el dibujo de la cola desde atrás, mientras que en otras destacan el fino pico oscuro, la marcada ceja blanca y la postura erguida y vigilante. Una de ellas se movía junto a una planta rastrera de hojas carnosas, y en otras tomas aparecen sobre el suelo de cantos rodados y conchas trituradas. También había algunos troncos y restos de madera arrastrados por el río, elementos habituales en esta franja donde el Besòs se encuentra con el Mediterráneo.

Aunque el lugar pueda parecer pequeño, para estas aves puede ser una parada importante durante la migración. La collalba gris realiza desplazamientos enormes entre sus zonas de reproducción y de invernada. Los ejemplares que vemos en la península pueden proceder de Escandinavia, los países bálticos, Rusia occidental, Europa central, Islandia o las islas Británicas. Desde allí, su ruta continúa hacia el sur, atravesando Europa, el Mediterráneo y el Sáhara hasta alcanzar distintas zonas del África subsahariana. Dependiendo de su procedencia y de la ruta seguida, pueden recorrer varios miles de kilómetros, en algunos casos entre 3.000 y 7.000 kilómetros en un solo sentido.
  
Durante un rato, las tres estaban aquí, en la desembocadura del Besòs, aprovechando este pequeño tramo de litoral para alimentarse y reponer fuerzas antes de continuar su viaje. Tres aves pequeñas en un paisaje bastante cotidiano, pero con un recorrido enorme a sus espaldas.
 
 
Fotografía general del entorno protegido en la desembocadura del Besòs. Muestra el cordón dunar delimitado por estacas de madera y cuerda, con cartelería oficial que restringe el paso para proteger la nidificación y la flora dunar. Al fondo, la línea de costa y un cielo completamente cubierto de nubes densas y bajas, se recorta la figura de unos pescadores con su caña.

Oenanthe oenanthe. Collalba Gris. Còlit gris. Northern Wheatear. 

Collalba gris junto a la vegetación característica del sustrato arenoso.
El ave aparece posada . Al fondo se distingue la franja costera. 

En otoño, durante la migración postnupcial, distinguir con total seguridad entre una hembra adulta, un macho de primer año (juvenil) o una hembra joven en el campo puede ser un auténtico quebradero de cabeza porque comparten un diseño muy similar de tonos pardos y ocres; aquí la vemos de espaldas, mostrando el característico patrón caudal y los tonos ocres típicos de un ejemplar en paso migratorio.
 
Como colofón, esta mañana también hubo bastante movimiento de papamoscas cerrojillos, otra especie migradora que en estas fechas utiliza estos pequeños espacios del litoral para alimentarse y descansar. Y, junto a las aves, volvía a aparecer uno de los problemas habituales de la zona: los gatos que siguen siendo alimentados dentro del espacio natural, a pesar de las indicaciones y de la cartelería que pide expresamente no hacerlo. Una situación que acaba concentrando animales domésticos en un lugar utilizado por las aves durante sus paradas migratorias y que resulta especialmente poco apropiada en una zona que se intenta mantener como refugio para la fauna y la vegetación del litoral.
 
 Ficedula hypoleuca. Papamoscas Cerrojillo. Mastegatatxes. European Pied Flycatcher. 

Mientras esta mañana pasaban por aquí tres collalbas grises y numerosos papamoscas cerrojillos, en el mismo espacio seguían los gatos, alimentados como si nada. Y lo más absurdo es que el cartel que prohíbe expresamente alimentarlos está justo delante, perfectamente visible entre las piedras. La señal está puesta, la norma está clara y, aun así, se sigue haciendo. Los gatos no aparecen allí por casualidad: alguien los alimenta y los mantiene en este espacio. Un lugar que debería ofrecer refugio y alimento a la fauna silvestre durante sus desplazamientos migratorios acaba convertido también en un punto de concentración de gatos. Proteger la zona mientras se permite esto delante mismo del cartel resulta, sencillamente, contradictorio. Las aves hacen su parte y siguen su ruta; ahora faltaría que quienes tienen que velar por este espacio hicieran la suya.

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📍 Lugar:  Desembocadura del Besòs . Sant Adrià de Besòs 
📅 Fecha de observación: 17 de Sept-2026
🌡️CLIMA : ☁️   Nublado (Máx. 25°C / Mín. 19°C) 1016 hPa;  HR 70% . Visibilidad: 18 kms. 
📷  Equipo foto :  Canon R7 + RF 100/400 x1,4
🔗 Link en este blog :  Ficedula hypoleuca; Oenanthe oenanthe; #gatos 
©️ Todas las imágenes de PacoTorres .