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FotoBirding en Sant Adrià de Besòs
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viernes, 25 de septiembre de 2026

Tres habitantes de la vegetación ruderal: curruca zarcera, buitrón y papamoscas cerrojillo

Hay días en los que salir al campo no significa buscar grandes rapaces ni especies especialmente llamativas. A veces, entre las ramas, los carrizos y la vegetación que tenemos más cerca, aparecen pequeñas aves que nos obligan a detenernos y mirar con un poco más de atención.
En la pradera del Parc Fluvial del Besòs, justo donde han dejado algunas franjas sin segar. Entre tanto tallo seco, hierba alta y zarza,  he podido observar a tres paseriformes muy distintos: la curruca zarcera, el buitrón y el papamoscas cerrojillo. 




La primera de ellas es la curruca zarcera (Curruca communis), una pequeña ave que suele mantenerse bastante escondida entre arbustos y matorrales.
Su plumaje, en tonos pardos y grisáceos, le proporciona un buen camuflaje cuando se mueve entre ramas y hojas. Tiene una cola relativamente larga y, dependiendo del sexo y de la época del año, pueden apreciarse diferencias en la coloración de la cabeza y las partes superiores.
Es una especie que podemos encontrar en zonas de matorral, setos, claros y bordes de bosques. Durante la época de reproducción se alimenta principalmente de insectos y otros pequeños invertebrados, mientras que los frutos adquieren mayor importancia en determinadas épocas del año.
Es de esas aves que muchas veces se escuchan antes de conseguir verlas. Cuando finalmente se deja observar entre la vegetación, merece la pena aprovechar el momento.
 

Curruca cmmunis (antes Sylvia communis). Curruca Zarcera. Tallareta vulgar. Greater Whitethroat.
El cambio de nombre se debió a una reorganización filogenética basada en análisis de ADN que fragmentó el antiguo y amplio género Sylvia para reflejar mejor el parentesco evolutivo, rescatando el género Curruca para estas aves. Este cambio taxonómico se oficializó globalmente en 2020  pasando de su denominación clásica establecida por John Latham en 1787.

 

Juvenil de curruca zarcera lidiando con el calor y abriendo el pico para termorregular 

 


La segunda especie fotografiada corresponde al cistícola buitrón (Cisticola juncidis), un pequeño habitante de herbazales, campos y zonas con abundante vegetación baja.
Su tamaño es reducido y su plumaje, predominantemente pardo y listado, hace que pueda pasar completamente desapercibido cuando permanece entre los tallos.
El buitrón está muy ligado a este tipo de ambientes y tiene un comportamiento bastante característico. Se desplaza entre la vegetación y, cuando levanta el vuelo, suele realizar un vuelo ondulante antes de volver a esconderse entre las plantas.
A pesar de su pequeño tamaño, es un ave que puede resultar relativamente fácil de localizar una vez conocemos su reclamo y aprendemos a reconocer ese vuelo tan particular.
 
 

 Cisticola juncidis. Buitrón. Trist.  Zitting Cisticola.

Al colocarse en un punto despejado y elevado, gana visibilidad para detectar presas (insectos) a distancia y, al mismo tiempo, emite con frecuencia su característico reclamo metálico repetitivo para marcar los límites de su zona.

 
Perfectamente mimetizado entre los tallos de la vegetación ruderal, un buitrón se mueve con agilidad en su hábitat habitual

En su perfil destaca un plumaje muy rayado de tonos ocres y pardos para camuflarse en la maleza y un pico fino y puntiagudo ideal para atrapar insectos. Su silueta compacta con cola corta completa su perfecta adaptación para moverse con agilidad a ras de suelo.


La tercera especie es el papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca).
A diferencia de las dos anteriores, su silueta resulta quizá algo más fácil de reconocer cuando se posa en un lugar despejado. Es un pequeño insectívoro que suele utilizar una rama o un posadero desde el que vigila su entorno para lanzarse rápidamente a capturar insectos en vuelo.
En la fotografía destaca especialmente el contraste entre las partes oscuras del cuerpo y las zonas blancas de las alas y de las partes inferiores.
 
El papamoscas cerrojillo es además una especie migradora. Durante sus desplazamientos puede aparecer en muchos lugares donde encuentra buenas condiciones para alimentarse, utilizando árboles, arbustos y otros puntos elevados como puestos de caza.
Lo curioso de estas tres observaciones es comprobar cómo un mismo entorno puede ofrecer refugio y alimento a especies con comportamientos muy diferentes.
 

Detalle de la espalda pardo-grisácea y el característico panel alar blanco de un joven  Ficedula hypoleuca. Papamoscas Cerrojillo. Mastegatatxes. European Pied Flycatcher. 

 

Siempre alerta para detectar el movimiento de los insectos desde su posición

Papamoscas cerrojillo posado sobre la punta rota de una caña que sobresale de la densa pantalla vegetal formada por los cañaverales del margen, la cual actúa como barrera sobre el cauce del río.
  

La curruca zarcera se mueve entre los arbustos y el matorral; el buitrón está estrechamente ligado a los tallos de la vegetación baja; y el papamoscas cerrojillo aprovecha las ramas como puntos desde los que localizar sus presas.

Son aves pequeñas y, en ocasiones, difíciles de localizar. Precisamente por eso cada encuentro tiene algo especial.

Observarlas y fotografiarlas también es una forma de aprender a mirar de otra manera los espacios que tenemos alrededor y que dejar que la vegetación de la pradera del Parc Fluvial crezca un poco a su aire es la mejor manera de ver fauna de verdad.
 
 
Pradera del Parc Fluvial Besòs tramo de Santa Coloma de Gramenet.

 
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📍 Lugar: Parc Fluvial Besòs. Santa Coloma de Gramenet.  
📅 Fecha de observación:  24-septiembre de 2026
🌡️CLIMA : ☀️ Mayormente soleado  (Máx. 28°C / Mín. 19°C) , 1022 hPa. ; HR: 57 %
📷  Equipo foto :  Canon R7 + RF 100/500
©️ Todas las imágenes Paco Torres
 

martes, 15 de septiembre de 2026

Pequeños migrantes en el Refugi de Biodiversitat de Santa Coloma: currucas y carricero

 

 
Ayer, durante una de mis vueltas por el Parc Fluvial Besòs me acerqué a  la zona del Refugi de Biodiversitat de Santa Coloma de Gramenet, ahí me encontré con una pequeña sorpresa entre la vegetación: una curruca zarcera (Curruca communis) moviéndose de un lado para otro entre las plantas, rebuscando alimento y dejándose ver durante unos cuantos minutos.

El Refugi permanece cerrado, así que la observación la hice desde fuera, sin necesidad de entrar en el recinto. Eso no impidió que la zarcera se dejara fotografiar bastante bien, ya que estaba en la vegetación próxima al perímetro.

Mientras estaba allí observando las aves, alguna persona llegó incluso a cruzar por el interior, aprovechando que en algunos puntos las vallas estaban caídas. Yo, en cambio, me quedé fuera, desde donde tenía una buena perspectiva de la zona y de la curruca.

La zarcera se movía con bastante agilidad entre los tallos, pasando de una planta a otra mientras buscaba pequeños insectos. En las fotografías se aprecia muy bien su aspecto general: unos 14 centímetros de longitud, cuerpo esbelto, cola relativamente larga y tonos pardos cálidos, con ese característico color rojizo que destaca especialmente en las alas.

El ejemplar parece corresponder a una hembra o a un individuo joven, aunque prefiero dejarlo en esa apreciación y no asegurar el sexo o la edad únicamente a partir de las fotografías.

Compartiendo espacio con la carrasqueña y el carricero

Lo curioso de la observación es que por la zona también estaban presentes otras especies que pueden llevar a confusión si se ven rápidamente entre la vegetación.

 Curruca iberiae. Curruca Carrasqueña. Tallarol de garriga. Western Subalpine Warbler.

 
 
Una de ellas era la curruca carrasqueña  algo menor y con una estructura algo más delicada. Aunque las hembras y los jóvenes pueden presentar un aspecto bastante discreto, observando la cabeza, las partes inferiores y la estructura general se encuentran diferencias con la zarcera.

 

Acrocephalus scirpaceus. Carricero Común. Boscarla de canyar. Eurasian Reed-Warbler. 



También estaba el carricero común, que a primera vista puede parecerse más, especialmente por los tonos pardos y por moverse igualmente entre la vegetación. Sin embargo, cuando se tiene la oportunidad de observarlos con calma, la silueta y el diseño del plumaje permiten separarlos.

En esta zarcera, uno de los detalles que más me llamó la atención fue precisamente el panel alar pardo-rojizo, bastante visible en varias de las fotografías. También ayuda su cola relativamente larga y el aspecto general del ave, que resulta diferente del perfil más uniforme y alargado del carricero.

Son de esas observaciones en las que merece la pena no quedarse únicamente con el color del pájaro. La forma, la cola, la cabeza y el patrón de las alas dan mucha más información.

Y aunque el Refugi estuviera cerrado, la vegetación de los alrededores seguía dando juego. Esta vez fue una zarcera la que decidió ponerse delante del objetivo, acompañada además por otras dos especies interesantes que compartían aquel mismo rincón.

Una observación sencilla, pero de las que justifican llevar la cámara encima incluso cuando uno no sale buscando una especie concreta.

 

Sylvia communis,Curruca Zarcera,Tallareta vulgar,Greater Whitethroat.


 
Imagen para comparar el pico del carricero común (izquierda,y abajo) que es mas largo que el de la curruca zarcera (derecha, y arriba)


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📍 Lugar: Parc Fluvial Besòs . Refugi de Biodiversitat,. Santa Coloma de Gramenet.  
📅 Fecha de observación:  14-septiembre de 2026
🌡️CLIMA : ☀️ Soleado  (Máx. 31°C / Mín. 22°C) , 1019 hPa. ; HR: 46 %
📷  Equipo foto :  Canon R7 + RF 100/400 x1,4
©️ Todas las imágenes Paco Torres
 
 

viernes, 7 de agosto de 2026

«Mort, qui t'ha mort?»

Crónica de un ánade real encontrado muerto en el Parc Fluvial del Besòs.


Hay días en que sales al Besòs esperando encontrar un martín pescador, una garceta o cualquier otra sorpresa que justifique madrugar. Y hay días en que lo primero que encuentras es un cadáver.

Eso fue exactamente lo que ocurrió. En la orilla, junto al agua, yacía una hembra de ánade real (Anas platyrhynchos). Sin sangre. Sin plumas esparcidas. Sin heridas aparentes. Simplemente estaba allí, inmóvil, como si hubiera decidido que aquel rincón del río era el lugar donde terminar el viaje.

Mientras hacía las fotografías no pude evitar acordarme de Crims, la magnífica serie de Carles Porta. En uno de los episodios se menciona una antigua tradición de los jueces andorranos*. Cuando encontraban un cadáver formulaban una pregunta tan sencilla como imposible:

«Mort, qui t'ha mort?»

La primera impresión fue precisamente esa: no había nada que llamara especialmente la atención. El plumaje estaba intacto, no se apreciaban mordeduras, desgarros ni fracturas visibles. El cuerpo conservaba un aspecto sorprendentemente limpio.

Como es lógico, enseguida empiezan a desfilar las hipótesis.

¿Gripe aviar? Poco probable. No existe ninguna mortalidad anormal en la zona ni otros indicios que apunten en esa dirección.

¿Botulismo? Tampoco parece encajar. Normalmente afecta a varias aves al mismo tiempo y produce un cuadro muy característico que aquí no se aprecia.

¿Un ataque de un depredador? Difícil sostenerlo cuando el cadáver no presenta lesiones externas compatibles con una agresión.

¿Una enfermedad interna? Naturalmente es posible. También podría tratarse de un fallo orgánico o de cualquier otra causa imposible de detectar a simple vista. Sin una necropsia nunca lo sabremos.

Y, sin embargo, mientras repasaba mentalmente todas esas posibilidades, no podía dejar de mirar alrededor.

Mientras repasaba todas esas hipótesis no podía dejar de levantar la vista. Porque, al fin y al cabo, en cualquier investigación el escenario también habla.

El Besòs hace tiempo que dejó de ser únicamente un río. Hoy es un carril bici, un circuito para corredores, un paseo para caminantes, un parque improvisado para perros, un campo de fútbol, unas pistas de vóley playa y, dentro de poco, tendrà una nueva pasarela en la zona de La Catalana. Todo ello perfectamente compatible con el ocio ciudadano, pero difícilmente compatible con la tranquilidad que necesita la fauna salvaje.

Quien frecuenta este tramo conoce perfectamente la escena. Perros cruzando el cauce, entrando en las islas de grava, persiguiendo ánades y otras aves acuáticas que levantan el vuelo precipitadamente mientras sus propietarios observan la escena con absoluta normalidad. «No hace nada», suele ser la frase de rigor. Y probablemente sea cierto. No hace falta morder a un pato para ponerlo en peligro. Basta con obligarlo a levantar el vuelo sin tiempo para elegir la trayectoria. A partir de ahí, puentes, barandillas, muros de hormigón, cables o cualquier otra estructura pueden hacer el resto.

¿Fue eso lo que ocurrió en este caso? No lo sé. Y sería poco riguroso afirmarlo. Sin una necropsia, la causa de la muerte seguirá siendo desconocida. Pero tampoco sería honesto ignorar un contexto que se repite día tras día. A veces buscamos respuestas extraordinarias cuando quizá la explicación haya que buscarla, sencillamente, en el paisaje que nosotros mismos hemos construido.

En Ornitho.cat el registro quedó, como debía quedar, con una única conclusión posible: causa de la muerte desconocida. Era la única respuesta científicamente honesta.

Mientras abandonaba el lugar volvió a resonar aquella vieja pregunta de los jueces pirenaicos:

«Mort, qui t'ha mort?»

Esta vez tampoco hubo respuesta.

O quizá sí. Solo que, como en las mejores historias de Crims, la respuesta no estaba en el cadáver, sino en el escenario.


El escenario de la tragedia. Vista general del tramo del Parc Fluvial del Besòs donde se localizó el cadáver. Una flecha roja señala el punto exacto donde yacía el ánade real, evidenciando el entorno humanizado en el que viven estas aves.


Primer plano del cadáver del ánade real (Anas platyrhynchos). La fotografía permite apreciar el plumaje en buen estado y la ausencia de signos evidentes de violencia o depredación externa; Se descarta a simple vista un ataque de un depredador carnívoro.


El sospechoso habitual. Presión constante sobre la avifauna del río. En esta imagen, tomada en otro momento en el mismo tramo, se observa a un perro de tamaño mediano cruzando el agua. Cerca de él, varios ánades reales nadan por la zona, ilustrando la convivencia forzosa y cómo la presencia de perros sueltos puede ser un factor de estrés y colisión para las aves.

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📍 Lugar: Parc Fluvial Besòs . Santa Coloma de Gramenet 
📅 Fecha de observación: 6 de agosto-2026
🌡️CLIMA : ☀️ Soleado  (Máx. 32°C / Mín. 26°C) , 1018 hPa. ; HR: 58%
📷  Equipo foto :  Canon R7 + RF 100/400 x1,4
🔗 Link en este blog : Anas platyrhynchos
©️ Todas las imágenes de PacoTorres . 


Nota (*) La famosa fórmula "Mort, qui t'ha mort?" no es ninguna broma. Era el solemne ritual que aplicaban los antiguos batlles en Andorra durante el levantamiento de un cadáver —una práctica arraigada que sobrevivió siglos, hasta bien entrada la era moderna antes de que el Principat aprobara su primera Constitución en 1993—. El protocolo consistía en acercarse al difunto, plantarle un par de golpes rituales en la cabeza con un bastón y hacerle la pregunta de rigor. Si el finado guardaba silencio (lo cual era lo habitual), quedaba oficialmente certificado como difunto y se daba luz verde a la investigación criminal. 



 

miércoles, 5 de agosto de 2026

Un tarro blanco juvenil en el Besòs: la observación duró más que su tranquilidad

 


Hay mensajes que justifican pertenecer a un grupo de WhatsApp. Uno de ellos apareció hace unos días: un tarro blanco (Tadorna tadorna) descansaba en el tramo del río Besòs a la altura de Santa Coloma de Gramenet.

No hizo falta pensárselo dos veces. Prismáticos al cuello y cámara al hombro. Porque si hay un objeto que identifica al observador de aves no es la cámara, sino los binoculares. Las fotografías vienen después; primero hay que localizar el ave, disfrutarla y observar su comportamiento. La cámara únicamente deja constancia de un momento que, muchas veces, dura apenas unos minutos.

Los grupos de WhatsApp se han convertido en una herramienta extraordinaria para quienes salimos al campo. Siempre hay alguien que madruga más, que está en el lugar adecuado en el momento oportuno y que, en vez de guardarse el hallazgo, decide compartirlo. Gracias a esa cadena de avisos, muchos podemos disfrutar de observaciones que de otra manera pasarían desapercibidas.

El protagonista era un ejemplar juvenil, tranquilo, descansando sobre la orilla pedregosa del río. Alternaba largas pausas con pequeños desplazamientos y sesiones de acicalado, permitiendo contemplar con calma un ave que, aunque no sea una rareza excepcional, tampoco forma parte del paisaje habitual del Besòs.

Precisamente hace ahora un año tuve la fortuna de fotografiar otro joven en el Parc Diagonal Mar, una coincidencia que demuestra que, casi cada temporada, algún tarro blanco decide hacer una breve escala en el área metropolitana antes de continuar su camino.

Si os apetece recordar otras observaciones de la especie, podéis encontrarlas en las entradas anteriores del blog.

La tranquilidad tenía los minutos contados

Pero el Besòs nunca decepciona... para lo bueno y para lo malo.

Poco después, otro compañero del grupo informaba de que el tarro había levantado el vuelo apresuradamente.

¿Había aparecido un halcón peregrino? ¿Un águila? ¿Algún otro depredador?

No.

Había entrado en el cauce el clásico "perrito".

Y cuando digo "perrito", no imaginéis un caniche del tamaño de un conejo. Lo habitual es encontrarse perros bastante más respetables, muchos de ellos de esos que parecen cumplir una doble función: compañía y sistema de alarma para que a pocos les entren ganas de discutir con el dueño.

Porque, curiosamente, quienes consideran que las normas no van con ellos suelen llevar bastante mal que alguien les recuerde que existen.

El perro, naturalmente, no tiene culpa de nada. Hace exactamente lo que cabe esperar de un perro: correr, olfatear, chapotear y perseguir cualquier cosa que se mueva. El problema siempre está en el otro extremo de la correa... cuando esa correa brilla por su ausencia.

Y eso que la normativa del Parc Fluvial del Besòs es bastante sencilla de entender: los perros deben ir atados. No hace falta un doctorado en Derecho Administrativo para interpretarla.

Lo más curioso es que algunos propietarios no tienen el menor inconveniente en que su compañero de cuatro patas se dé un baño en un agua que, en gran medida, procede de las estaciones depuradoras. Dicho de otra forma: el refrescante chapuzón lleva un poco del agua de nuestras duchas, del fregadero donde anoche se lavaron los platos y de unos cuantos millones de cisternas. Si eso no les preocupa, difícilmente va a preocuparles que un ave migradora, que únicamente buscaba un lugar tranquilo para descansar, tenga que salir volando.

Hace tiempo que decidí no entrar en discusiones. Ya he escrito más de una vez sobre este asunto y he llegado a la conclusión de que discutir con ciertos personajes suele ser tan productivo como jugar una partida de ajedrez con una paloma: da igual cómo vaya la partida; acabará tirando las piezas, ensuciando el tablero y marchándose convencida de haber ganado.

Así que procuro que me resbale.

Prefiero quedarme con lo importante: gracias al aviso de los compañeros pude disfrutar durante un buen rato de este joven tarro blanco y dejar constancia fotográfica de una visita que, con un poco más de civismo por parte de algunos, quizá habría durado bastante más.

Al fin y al cabo, las aves solo necesitan una cosa: que las dejemos tranquilas. No parece pedir demasiado.



El joven tarro blanco descansa plácidamente sobre la orilla pedregosa del Besòs. En esta postura relajada se aprecia el contraste entre el plumaje blanco del cuerpo y los tonos pardos de la cabeza y las escapulares.
El ave se incorpora y permanece alerta, observando el entorno antes de reanudar el descanso. El pico rosado y la cabeza oscura delatan su condición de ejemplar juvenil.
Caminando lentamente por la ribera, el tarro blanco recorre la orilla con tranquilidad, ofreciendo una buena vista del perfil y de sus largas patas rosadas, adaptadas tanto al agua como al terreno firme.

Mostrando el llamativo espejo alar verde, parcialmente visible junto a las plumas castañas del ala.
Comparado con una garza real se ve muy pequeño. La escena transmite la calma con la que permaneció durante buena parte de la observación.



Parc Fluvial Besòs tramo de Santa Coloma de Gramenet.
 
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📍 Lugar: Parc Fluvial Besòs . Santa Coloma de Gramenet 
📅 Fecha de observación: 4 de agosto-2026
🌡️CLIMA : ☀️ Soleado  (Máx. 31°C / Mín. 26°C) , 1014 hPa. ; HR: 65%
📷  Equipo foto :  Canon R7 + 100/500 RF
🔗 Link en este blog : Tadorna tadorna
©️ Todas las imágenes de PacoTorres . 




martes, 24 de febrero de 2026

Gaviota reidora AD641




 
 
Hoy en el Parc Fluvial del Besòs (Santa Coloma de Gramenet) entre un bando de gaviotas, logré identificar a un ejemplar anillado : la AD641 anilla de PVC blanca en el tarso derecho, un código que, según los protocolos internacionales, apunta  a un proyecto de anillamiento en Alemania 🇩🇪 ( 
https://cr-birding.org/node/1971 )


Ya he tramitado el reporte a través del portal de Les Marques Especials y ahora queda lo más emocionante: esperar a que nos confirmen su historial de viaje. . En cuanto reciba su "pasaporte" con las fechas y lugares donde ha sido vista anteriormente, lo compartiré por aquí.

 




Chroicocephalus ridibundus. Gaviota Reidora. Gavina vulgar. Black-headed.
La gaviota AD641, junto a una gaviota de Audouin



📍 Lugar:   Parc Fluvial Besòs-Santa Coloma de Gramenet 
🌍 Coordenadas : 41.4491,2.2024 ( 41º26'54,8"N - 2º12'8,6"E)
📅 Fecha de observación:  24 de Febrero-2026
🔍 Código de anilla: AD641  anilla de PVC blanca con grafía en negro en tarso derecho y metálica en izquierda . 
🌡️CLIMA : 🌞  Día soleado (Máx. 19°C / Mín. 10°C) 
📷  Equipo foto : Nikon P950
🔗 Link en este blog :  # Gaviota reidora + anilla
©️ Todas las imágenes PacoTorres .