El verdecillo (Serinus serinus) no desciende al suelo urbano por costumbre, sino por necesidad. En las imágenes de esta entrada aparece moviéndose entre césped sembrado, tallos secos y pequeñas hierbas espontáneas que sobreviven en los márgenes del parque. Allí, entre espacios diseñados para el orden y rincones donde la vegetación todavía escapa al control absoluto, este pequeño fringílido encuentra semillas suficientes para persistir dentro de la ciudad. Su presencia no es anecdótica: revela hasta qué punto incluso una franja mínima de flora espontánea puede convertirse en refugio y alimento para la fauna urbana.
Las fotografías muestran además algo que suele pasar desapercibido en muchos parques contemporáneos: el verdadero valor ecológico de las plantas consideradas “maleza”. El verdecillo aparece alimentándose principalmente de pequeñas gramíneas silvestres y de vegetación ruderal que crece entre el césped ornamental o en los bordes menos intervenidos. Cardos jóvenes, espigas finas y pequeñas compuestas forman un mosaico vegetal humilde pero esencial. Son precisamente esas plantas, eliminadas a menudo por desbroces excesivos o herbicidas, las que sostienen una parte silenciosa de la biodiversidad urbana.
Una toma que destaca el plumaje estriado de un ejemplar con gran cantidad de amarillo, lo que sugiere un macho. |
📷 Equipo foto :Nikon P950



