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domingo, 28 de junio de 2026

Cuando las plumas son mucho más que un adorno




El lenguaje de las plumas.

El pavo real (Pavo cristatus)  es una de esas especies que rara vez pasa desapercibida. Su espectacular plumaje atrae todas las miradas, pero detrás de esa exhibición de colores se esconde una estructura sorprendentemente compleja, donde cada pluma cumple una función que va mucho más allá de lo puramente ornamental.

Cuando el macho despliega su abanico, lo que observamos no es únicamente una demostración de belleza. Se trata de una herramienta de comunicación desarrollada a lo largo de la evolución, en la que el tamaño, la calidad y la disposición de las plumas desempeñan un papel fundamental durante el cortejo.

Uno de los aspectos más llamativos son los conocidos ocelos, esos dibujos circulares que recuerdan a pequeños ojos repartidos por todo el abanico. Estas estructuras forman parte de las largas plumas supracaudales, que son las verdaderas protagonistas de la exhibición. Curiosamente, las plumas de la cola propiamente dichas permanecen ocultas y actúan principalmente como soporte para sostener todo este despliegue.

Si observamos las plumas de cerca, descubrimos otro detalle. Los intensos tonos azules, verdes y dorados no dependen únicamente de pigmentos. Gran parte de esos colores son el resultado de la llamada coloración estructural, producida por microscópicas estructuras que reflejan la luz de distintas formas según el ángulo desde el que se observen. Por eso los reflejos parecen cambiar constantemente, mostrando matices diferentes con cada movimiento del ave.

Las fotografías también permiten apreciar el contraste entre macho y hembra. Mientras el macho exhibe un plumaje exuberante y llamativo, la hembra presenta colores mucho más discretos. Esta diferencia responde a funciones distintas dentro de la especie: la necesidad de atraer durante el cortejo en un caso y una mayor discreción y camuflaje en el otro.

Más allá del famoso abanico, resulta interesante detenerse en los detalles. El fino dibujo de las plumas del cuello y del dorso, el característico copete que corona la cabeza o la compleja estructura de cada ocelo revelan un nivel de perfección difícil de apreciar a simple vista. Son esos pequeños detalles los que muchas veces convierten una observación aparentemente común en una experiencia mucho más interesante.

Quizá por eso el pavo real sigue despertando admiración allí donde se encuentra. No solo por la espectacularidad de su aspecto, sino porque representa uno de los ejemplos más extraordinarios de cómo la evolución puede transformar algo tan aparentemente simple como una pluma en una auténtica obra de arte natural.

Espero que disfrutéis de esta pequeña selección de imágenes tanto como yo disfruté observando los detalles de una de las aves más vistosas y reconocibles del mundo.

 

Primer plano de los ocelos, los llamativos dibujos que adornan las largas plumas supracaudales del macho y que desempeñan un papel fundamental durante el cortejo.

Plumaje recogido durante un periodo de descanso.

Detalle del copete y la cabeza de un macho adulto.

La coloración discreta de la hembra contrasta con el vistoso plumaje del macho.

Pavo real macho. Aunque suele llamar la atención por su espectacular abanico, incluso con el plumaje recogido muestra los intensos reflejos metálicos que caracterizan a la especie.

 

Mi dibujillo de pavo real con el plumaje desplegado y detalle de una de sus plumas cobertoras  con ocelo. 


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 📍 Lugar:   Zoo de  Barcelona 
📅 Fecha de observación: 9 de diciembre-2025 
🌡️CLIMA : ☀️ Día Soleado, agradable,  (Máx. 17°C / Mín. 9°C) 
📷  Equipo foto : CANON R7 +Obj. 100/400 RF
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©️ Todas las imágenes y dibujo : PacoTorres . 

martes, 23 de junio de 2026

Chaja moñudo en el Zoo de Barcelona

 


Mi encuentro con el chajá moñudo en el Zoo de Barcelona

Lo primero que llama la atención al acercarse al recinto no es el propio chajá, sino el contraste que forma con los flamencos de Chile con los que comparte espacio. Entre el rosa intenso de los flamencos destaca inmediatamente la silueta gris, robusta y casi prehistórica del chajá moñudo (Chauna torquata), un ave sudamericana que  consiguió captar mi atención durante mis visita al Zoo de Barcelona. A medida que uno lo observa caminar con tranquilidad sobre la hierba, resulta fácil comprender por qué es una de esas especies que obligan a detenerse unos minutos más de lo previsto.

A primera vista no es sencillo adivinar sus parentescos. Su porte recuerda más al de una avutarda (Otis tarda) o incluso al de un pequeño pavo que al de un anseriforme. Sin embargo, sus parientes más cercanos son los patos, gansos y cisnes. Su plumaje grisáceo, con un fino dibujo escamado, contrasta con el característico collar negro que rodea el cuello y con el discreto mechón de plumas que sobresale de la nuca y que le da el nombre de chajá moñudo.

Mientras observaba a la pareja presente en el recinto, me llamó la atención la serenidad con la que se movían entre los flamencos de Chile (Phoenicopterus chilensis). No parecían prestar demasiada atención a los visitantes y dedicaban buena parte del tiempo a pastar, descansar o vigilar discretamente cuanto ocurría a su alrededor. Esa actitud vigilante tiene sentido si pensamos que en la naturaleza el chajá es famoso por sus potentes llamadas de alarma, audibles a grandes distancias y utilizadas desde hace siglos por los habitantes rurales de Sudamérica como una especie de centinela natural.

Al verlos en un recinto abierto y sin mallas superiores, muchos visitantes se hacen la misma pregunta: ¿por qué no levantan el vuelo y abandonan el zoo? La respuesta no es tan sencilla como parece. Aunque el chajá moñudo es perfectamente capaz de volar y en libertad puede aprovechar las corrientes térmicas para elevarse a gran altura, los ejemplares mantenidos en parques zoológicos suelen estar sometidos a distintas medidas de manejo que evitan las fugas. A ello se suma que disponen de alimento, agua, refugio y la compañía de otros individuos en un entorno estable y seguro, por lo que no muestran ninguna tendencia a abandonar el territorio que consideran suyo.

La convivencia con los flamencos de Chile resulta especialmente interesante porque reproduce una asociación que puede encontrarse en diversos humedales sudamericanos. Ambos comparten espacio sin competir entre sí gracias a que explotan recursos completamente distintos. Mientras los flamencos filtran pequeños organismos del agua mediante su peculiar pico curvado, los chajás se alimentan principalmente de vegetación terrestre y acuática. El resultado es una escena de gran atractivo visual donde dos aves muy diferentes ocupan el mismo hábitat siguiendo estrategias de vida totalmente distintas.

Además de su llamativa apariencia, el chajá posee algunas características poco conocidas. Bajo el plumaje de las alas esconde dos espolones óseos en cada ala que utiliza en disputas territoriales y para defenderse de posibles amenazas. También presenta sacos aéreos subcutáneos que forman parte de su peculiar anatomía y contribuyen a esa imagen tan singular que distingue a la familia de los anhímidos del resto de las aves acuáticas.

Tras un buen rato observándolos y fotografiándolos, me marché con la sensación de haber vuelto a encontrar una de esas especies que suelen pasar desapercibidas frente a aves más vistosas, pero que recompensan con creces a quien les dedica unos minutos de atención. El chajá moñudo no posee los colores espectaculares de los flamencos que lo acompañan, pero su aspecto inconfundible, su comportamiento tranquilo y su interesante biología lo convierten en uno de los habitantes más curiosos del Zoo de Barcelona.


Caminando con paso firme entre las hojas caídas, el chajá muestra una silueta que recuerda más a una avutarda que a un pariente de los gansos. Su aspecto robusto suele sorprender a quienes descubren por primera vez su verdadera clasificación zoológica.

El fino dibujo escamado del plumaje se aprecia perfectamente en esta imagen. Aunque parece un ave pesada y terrestre, en libertad puede remontar grandes alturas aprovechando las corrientes térmicas.

El característico collar negro permite identificar fácilmente a la especie. También se aprecia el pequeño moño de plumas que le da nombre y le aporta una expresión muy particular.

Bajo las alas se esconden dos espolones córneos utilizados para la defensa y los enfrentamientos territoriales. Pocas aves acuáticas cuentan con un sistema defensivo tan llamativo.

Primer plano de la cabeza donde destacan la piel desnuda alrededor de los ojos y el pico corto y robusto, perfectamente adaptado para arrancar brotes y vegetación.

Los chajás forman parejas estables que suelen permanecer juntas durante toda la vida. En los zoológicos es frecuente observarlas desplazándose y descansando siempre en compañía.


Descansar sobre una sola pata es una conducta que comparte con flamencos, patos y otras aves acuáticas. Esta postura ayuda a reducir la pérdida de calor corporal.

El panel informativo del zoo recuerda el origen  de la especie y la importancia de conservar los humedales donde vive de forma natural. Tiene gran tamaño, unos 75 cm de pico a cola, y se considera un símbolo de las pampas  que e encuentra en tres países: Argentina,   Brasil y Uruguay. La Pampa ocupa más de 1 millón de kilómetros cuadrados y es conocido por su vasta llanura

Chajá en primer plano mientras los flamencos aportan un fondo rosado que resalta aún más los tonos grises del plumaje. Una escena que resume perfectamente la convivencia de estas aves sudamericanas en el recinto.


Ilustraciones anatómicas del chajá (Chauna torquata): a la izquierda, estampa típica en los humedales mostrando su envergadura; a la derecha, detalle osteológico del carpometacarpo con la inserción de sus espolones carpianos.
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📍 Lugar:   Zoo de  Barcelona 
📅 Fecha de observación: 9 de diciembre-2025 
🌡️CLIMA : ☀️ Día Soleado, agradable,  (Máx. 17°C / Mín. 9°C) 
📷  Equipo foto : CANON R7 +Obj. 100/400 RF
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©️ Todas las imágenes y dibujo : PacoTorres . 

martes, 16 de junio de 2026

Flamenco de Chile en el Zoo de Barcelona



Entre los habitantes más llamativos del Zoo de Barcelona se encuentra una especie que, pese a ser conocida por millones de personas, rara vez es observada con detenimiento. Los flamencos llaman la atención por su coloración, su tamaño y sus peculiares posturas, pero a menudo se pasan por alto las diferencias que existen entre las distintas especies. Durante mi visita me detuve un buen rato ante la colonia de flamencos y descubrí que no se trataba del flamenco común que estamos acostumbrados a asociar con las lagunas mediterráneas, sino del flamenco de Chile (Phoenicopterus chilensis), una especie sudamericana con rasgos propios .

Lo primero que me llamó la atención fue el color de las patas. A cierta distancia todos los flamencos parecen similares, pero al observarlos con calma se aprecia que las patas no son uniformemente rosadas. En el flamenco de Chile presentan una tonalidad grisácea o azulada muy clara que contrasta de forma evidente con el intenso color rojizo de las articulaciones y de los dedos. Es probablemente el detalle más útil para distinguir esta especie del flamenco común europeo. Una vez detectado, el contraste resulta tan evidente que cuesta entender cómo había pasado desapercibido en un primer vistazo.

Mientras varios ejemplares recorrían tranquilamente el césped del recinto, otros permanecían alimentándose o dedicando largos minutos al acicalamiento. Fue entonces cuando apareció otra de las claves de identificación. El pico, extraordinariamente especializado para filtrar pequeños organismos y partículas alimenticias del agua, muestra una amplia zona negra que ocupa buena parte de la mitad distal. Comparado con el flamenco común, la extensión del negro es notablemente mayor, aportando un aspecto característico que se aprecia especialmente bien en los primeros planos.

La coloración general del plumaje también ayuda a situar a la especie. Cuando pensamos en un flamenco solemos imaginar un ave de color rosa intenso, casi artificial, pero la realidad es bastante más compleja. El flamenco de Chile presenta una tonalidad intermedia, más marcada que la del flamenco común adulto, aunque lejos todavía de los tonos rojizos y anaranjados que caracterizan al flamenco del Caribe. En la colonia podían observarse incluso pequeñas diferencias entre individuos, algo completamente normal y relacionado con factores como la edad, la dieta o el estado de muda.

Más allá de los detalles morfológicos, resultaba interesante contemplar su comportamiento. Como ocurre con la mayoría de los flamencos, se trata de aves profundamente sociales. Rara vez se encuentran aisladas y tienden a desarrollar buena parte de sus actividades en grupo. Algunos ejemplares descansaban muy próximos entre sí mientras otros caminaban lentamente por el recinto o exploraban el suelo en busca de alimento, lejos de las colonias que forman en libertad en lagunas y humedales de Sudamérica.

Entre las imágenes más características aparecía, cómo no, la clásica postura sobre una sola pata. Aunque durante años fue considerada una simple curiosidad, hoy se sabe que esta conducta ayuda a reducir la pérdida de calor corporal y permite a las aves permanecer inmóviles durante largos periodos con un gasto energético reducido. Vista de cerca, la aparente fragilidad de ese equilibrio contrasta con la naturalidad con la que los flamencos adoptan la postura.

El flamenco de Chile ocupa una amplia área de distribución en el cono sur americano, desde Perú hasta Tierra del Fuego, frecuentando lagunas altoandinas, salares y diversos humedales interiores. Su presencia en Barcelona puede sorprender a quien espere encontrar únicamente fauna local o europea, pero precisamente ahí surge una cuestión interesante. 

¿Tiene sentido mantener una especie originaria de Sudamérica a miles de kilómetros de su entorno natural?
La respuesta depende en gran medida de la visión que cada persona tenga sobre los zoológicos. Sus defensores argumentan que cumplen una función educativa y conservacionista, permitiendo acercar especies lejanas al público y mantener poblaciones gestionadas bajo control humano. Sus detractores consideran que ninguna instalación puede sustituir las condiciones de libertad de los hábitats originales. Es un debate complejo que probablemente seguirá abierto durante mucho tiempo.

Al margen de esa discusión, la visita ofrece una oportunidad difícil de obtener de otro modo: observar con detalle una especie que para la mayoría de nosotros solo existiría en fotografías o documentales. Gracias a esa observación cercana es posible descubrir matices que suelen pasar desapercibidos y comprender que bajo el nombre genérico de "flamenco" se esconden aves distintas, adaptadas a entornos diferentes y con características propias. 

 

Flamenco de Chile adulto recorriendo el recinto. El contraste entre las patas grisáceas y las articulaciones rojizas constituye una de las mejores claves para identificar la especie. 

La longitud del cuello y la elegante curvatura corporal son rasgos característicos de los flamencos.

La gran extensión de color negro en el pico ayuda a diferenciar al flamenco de Chile de otras especies próximas.

Varios ejemplares descansando sobre una sola pata, una conducta habitual que contribuye a reducir la pérdida de calor corporal.

Panel informativo dedicado a Phoenicopterus chilensis, con información sobre su distribución geográfica y estado de conservación.

Vista parcial de la colonia en el Zoo de Barcelona. Los flamencos son aves muy sociales que suelen permanecer agrupadas.

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📍 Lugar:   Zoo de  Barcelona 
📅 Fecha de observación: 9 de diciembre-2025 
🌡️CLIMA : ☀️ Día Soleado, agradable,  (Máx. 17°C / Mín. 9°C) 
📷  Equipo foto : CANON R7 +Obj. 100/400 RF
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©️ Todas las imágenes y dibujo : PacoTorres . 


miércoles, 10 de junio de 2026

El pelícano ceñudo (Pelecanus crispus) en el Zoo de Barcelona




Durante mi visita al Zoo de Barcelona me llamó la atención la presencia de un ejemplar de pelícano ceñudo (Pelecanus crispus), una de las aves acuáticas de mayor tamaño. Su aspecto resulta inconfundible gracias al enorme pico provisto de bolsa gular y a las características plumas despeinadas de la nuca que dan nombre a la especie.

La observación de este ejemplar ofrece una buena oportunidad para repasar las características de la familia de los pelícanos y conocer mejor a una especie que, pese a su amplia distribución geográfica, sigue dependiendo de la conservación de los grandes humedales euroasiáticos.

Los pelícanos constituyen una familia muy homogénea de aves acuáticas, los Pelicanidae, representada actualmente por un único género vivo, Pelecanus. Todas las especies comparten una morfología muy especializada para la captura de peces, destacando el gran pico equipado con una bolsa gular extensible.

Contrariamente a una creencia bastante extendida, esta bolsa no se utiliza para almacenar alimento. Su función principal consiste en actuar como una red de pesca temporal: el ave captura simultáneamente agua y peces, expulsa posteriormente el agua y engulle las presas retenidas.

Actualmente se reconocen ocho especies de pelícanos distribuidas por regiones templadas y tropicales de todos los continentes excepto la Antártida.


Las ocho especies actuales de pelícanos


Algunas comparaciones permiten apreciar mejor la diversidad existente dentro del grupo. El pelícano ceñudo suele considerarse la especie más pesada de la familia, mientras que el pelícano común puede alcanzar las mayores envergaduras. En el extremo opuesto se encuentra el pelícano pardo, el más pequeño del género y además el único que captura habitualmente peces mediante zambullidas desde el aire. Por su parte, el pelícano australiano posee uno de los picos más largos de todas las aves actuales, pudiendo superar los 45 centímetros de longitud.
El pelícano ceñudo

El pelícano ceñudo es el mayor representante de la familia Pelicanidae. Los adultos alcanzan habitualmente entre 10 y 13 kilogramos de peso, presentan una longitud corporal de 160 a 180 centímetros y una envergadura alar que puede superar los tres metros.

Su área de distribución se extiende desde los Balcanes y Europa oriental hasta Asia Central, Mongolia y algunas regiones del este de China. Habita principalmente lagos, marismas, lagunas costeras y grandes deltas fluviales.

A diferencia del pelícano común (Pelecanus onocrotalus), presenta un plumaje grisáceo pálido en lugar de blanco puro, patas de color gris plomizo y unas llamativas plumas encrespadas en la cabeza y la nuca que resultan especialmente visibles durante la época reproductora. El pico adquiere tonalidades amarillas y anaranjadas más intensas durante el celo.

Su alimentación es prácticamente exclusiva de peces. Con frecuencia varios individuos cooperan para conducir bancos de peces hacia aguas menos profundas, donde resultan más fáciles de capturar. Este comportamiento cooperativo constituye una de las conductas más características del grupo.

A pesar de ocupar una extensa área de distribución, el pelícano ceñudo sufrió un acusado declive durante los siglos XIX y XX debido a la pérdida de humedales, la alteración de los ecosistemas acuáticos y las molestias en las colonias reproductoras.

Actualmente la especie está catalogada como Casi Amenazada; NT (Near Threatened) por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Aunque algunas poblaciones europeas han experimentado una recuperación significativa durante las últimas décadas, la conservación de grandes humedales continúa siendo esencial para garantizar su supervivencia a largo plazo.


El pelícano ceñudo es una especie marcadamente social. En libertad forma colonias de reproducción, descansa en grupos numerosos y desarrolla buena parte de sus actividades cotidianas en compañía de otros individuos.

Durante la visita únicamente observo un ejemplar en la instalación. Sin información adicional sobre la gestión concreta del recinto no es posible conocer si se trata de una situación temporal o permanente. En cualquier caso, la naturaleza gregaria de la especie constituye uno de uss aspectos más interesantes y ayuda a comprender la importancia que tienen las interacciones sociales en el comportamiento de estos grandes pescadores.
 
Reflexión final: el pelícano ceñudo destaca por combinar un tamaño excepcional, una amplia distribución paleártica y una compleja historia de conservación. La observación de este magnífico pescador en el Zoo de Barcelona permite apreciar de cerca las adaptaciones que han convertido a los pelícanos en uno de los grupos de aves acuáticas más especializados y eficientes del planeta.
 

Ejemplar de pelícano ceñudo observado en el Zoo de Barcelona. Son visibles el plumaje grisáceo, las patas de color plomizo y las plumas desordenadas de la cabeza que distinguen a esta especie del pelícano común.

Detalle de la cabeza. En el extremo del pico puede observarse la pequeña uña córnea o gancho terminal, una estructura característica de los pelícanos que contribuye a sujetar las presas durante la alimentación.

Sesión de acicalamiento, el pelícano utiliza su largo pico para alcanzar las plumas del ala. El cuidado del plumaje ocupa una parte importante de la actividad diaria de estas aves acuáticas.

Diferentes perspectivas del único ejemplar de pelícano ceñudo observado en la instalación. La anilla visible en el tarso permite su identificación individual dentro de los programas de manejo zoológico. Durante la observación el ave presentó un aspecto saludable y un plumaje en buen estado. En la naturaleza, sin embargo, los pelícanos ceñudos suelen formar grupos numerosos tanto para descansar como para alimentarse y criar.
 

 

Panel informativo del Zoo de Barcelona dedicado al pelícano ceñudo (Pelecanus crispus). En él se resumen aspectos de la biología, distribución (Paleártico)  y estado de conservación de la especie (Casi amenazada). 

Mi dibujillo del pelícano. Se destacan las plumas encrespadas de la nuca, rasgo característico de la especie, así como la bolsa gular durante la captura de peces.

 

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📍 Lugar:   Zoo de  Barcelona 
📅 Fecha de observación: 9 de diciembre-2025 
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martes, 9 de junio de 2026

Pingüinos de Humboldt en el Zoo de Barcelona

 Un ave del hielo.

Cuando pienso en pingüinos suelo imaginar enormes extensiones de hielo, ventiscas antárticas y grupos de aves apiñadas para soportar temperaturas extremas. Sin embargo, la realidad es bastante más compleja. Existen 18 especies de pingüinos repartidas por el hemisferio sur y algunas viven muy lejos de los paisajes helados que solemos asociar con ellas.

Uno de esos casos es el pingüino de Humboldt (Spheniscus humboldti), protagonista de esta entrada y residente habitual del Zoo de Barcelona.

 

Pingüino de Humboldt (Spheniscus humboldti) en la instalación del Zoo de Barcelona. Se aprecia la característica banda negra en el pecho que identifica a la especie.

A simple vista resulta inconfundible por la banda negra que cruza su pecho y por las manchas oscuras que decoran su rostro. Es un ave robusta, de entre 65 y 70 centímetros de altura y alrededor de cuatro kilos de peso, perfectamente adaptada a la vida marina.

Aunque muchas personas lo relacionan automáticamente con la Antártida, su distribución natural se encuentra mucho más al norte. Habita las costas de Perú y Chile, donde se beneficia de la corriente de Humboldt: una masa de agua fría extraordinariamente rica en nutrientes que sostiene una de las mayores concentraciones de vida silvestre del planeta.

Un mundo con 18 especies diferentes.

La familia de los pingüinos (Spheniscidae) es bastante más diversa de lo que suele creerse. La evolución los ha modelado en una horquilla de tamaños asombrosa para adaptarse a nichos ecológicos radicalmente distintos.

 

Esquema comparativo de tamaños y pesos entre algunas de las especies más representativas de la familia Spheniscidae, ordenadas de mayor a menor escala. Ilustración a lápiz.

Como muestra la ilustración, la escala va desde el gigantesco pingüino emperador, un titán que puede superar los 120 centímetros de altura y los 40 kilos de peso en el corazón de la Antártida, hasta el diminuto pingüino enano australiano, que apenas alcanza los 33 centímetros y poco más de un kilo de peso.

Esta diversidad demuestra que no todos viven en ambientes polares. Algunas especies ocupan regiones templadas e incluso subtropicales; el pingüino de Galápagos, por ejemplo, es el único miembro de la familia que llega a cruzar la línea del ecuador en sus incursiones de pesca.

Observando a los ejemplares en el Zoo de Barcelona resulta fácil comprender que estamos ante animales diseñados por y para el agua. Su anatomía es un prodigio de la ingeniería hidrodinámica.

 

Detalle del plumaje del pingüino de Humboldt. Su plumaje, densamente compactado e impermeabilizado, actúa como un aislamiento térmico perfecto bajo el agua.

Su cuerpo fusiforme, las alas transformadas en auténticas aletas rígidas y un plumaje extraordinariamente denso les permiten desplazarse bajo el agua con una agilidad sorprendente. Lo que en tierra firme parece un caminar torpe y oscilante, se convierte en auténtica elegancia y velocidad en el momento en que se sumergen.

Gran parte de su tiempo diario lo dedican, de hecho, al estricto mantenimiento de este traje de neopreno natural. Cada pluma debe permanecer perfectamente alineada e impermeabilizada mediante el aceite que segregan de una glándula corporal, conservando así las propiedades aislantes que los salvan de la hipotermia.

La cuestión de los zoológicos

La presencia de animales salvajes en zoológicos sigue generando debate y, con toda seguridad, continuará haciéndolo durante mucho tiempo.

Resulta evidente que ningún recinto, por avanzado que sea, puede reproducir la inmensidad del océano Pacífico ni las condiciones biológicas exactas en las que evolucionó esta especie. Al mismo tiempo, es un hecho que la percepción y la función de los zoológicos han cambiado considerablemente durante las últimas décadas.

 

Ejemplares de pingüino de Humboldt en el Zoo de Barcelona en la zona de rocas. Las anillas en las aletas permiten a los biólogos y veterinarios el seguimiento individualizado de la población y el control del programa de cría.

Muchos centros actuales operan como estaciones científicas que dedican una parte importante de sus recursos a programas de conservación ex situ, investigación veterinaria y reproducción controlada de fauna amenazada. El pingüino de Humboldt, catalogado como especie "Vulnerable" en la naturaleza debido a la sobrepesca y la contaminación, participa en varios programas europeos de gestión coordinada (EEP) destinados a mantener poblaciones cautivas genéticamente viables como salvaguarda de la especie.

Panel técnico en el recinto del parque. La infografía sintetiza los datos clave de la especie: su peso habitual de entre 3 y 5 kilos, su dieta piscívora basada en bancos de superficie, y la etiqueta de la UICN que los clasifica bajo la categoría de "Vulnerable" (VU) debido a presiones antrópicas como la sobrepesca o el impacto logístico de grandes petroleros.

 

Cada visitante extraerá sus propias conclusiones sobre la conveniencia o la ética de este modelo. Lo interesante es que la cuestión admite matices profundos y difícilmente puede reducirse a posiciones simplistas de blanco o negro.

Quizá lo más llamativo al contemplar estos animales en un entorno urbano sea valorar que forman parte de una saga evolutiva única. Desde las gigantescas colonias antárticas hasta las costas desérticas de Chile, pasando por los pingüinos crestados de Nueva Zelanda, todos comparten una misma especialización asombrosa.

El pingüino de Humboldt que observamos en Barcelona es solo una pieza de un mosaico mucho más amplio: el de unas aves que, hace millones de años, renunciaron por completo al vuelo aéreo para convertirse en algunas de las nadadoras más eficientes del planeta. Y eso, independientemente de cualquier debate, ya es motivo suficiente para detenerse unos minutos a observarlas con atención.

 

Perspectiva general de la instalación del Zoo de Barcelona. El diseño recrea los afloramientos de piedra característicos de las zonas de nidificación del Pacífico sudamericano. En la imagen se aprecia la convivencia diaria de la colonia de pingüinos con las gaviotas reidoras de la fauna urbana barcelonesa, un fenómeno habitual de competencia oportunista por el espacio y el alimento.

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