En uno de mis paseos habituales para observar aves por el Parc de la Ciutadella de Barcelona volví a encontrarme con varias cotorras argentinas (Myiopsitta monachus). Esta vez, además de disfrutar de su actividad cotidiana, pude leer numerosas medallas de pecho, algo que no siempre es posible y que aporta un valor añadido a la simple observación.
En muchos casos era la primera vez que conseguía leer esos códigos, lo que indica que se trata de individuos poco documentados o, al menos, escasamente reportados por observadores. En otros, en cambio, la lectura tiene continuidad temporal. Un buen ejemplo es la V66, un individuo que ya había observado en Sant Adrià de Besòs en noviembre de 2022, y que hoy vuelve a aparecer en la Ciutadella, confirmando su supervivencia y su movimiento dentro del área metropolitana.
Estas lecturas permiten intuir la estabilidad de la población y su uso del espacio urbano. Las cotorras se movían en pequeños grupos, forrajeando en el césped y utilizando el arbolado del parque con total naturalidad, una muestra clara de su plena adaptación al entorno.
Como suele ocurrir, al intentar contrastar los códigos en bases de datos públicas, la información disponible es muy desigual. La mayoría de las medallas no cuentan con datos de historial de su anillamiento en Les Marques Especials (ICO), lo que impide conocer su origen o antigüedad. La excepción en esta jornada fue la E88, de la que sí existe información: un ejemplar anillado en 2013, lo que aporta un dato valioso sobre longevidad y permanencia de la especie en el entorno urbano.
Esta situación pone de relieve una carencia habitual. El esfuerzo de observación en campo permite identificar individuos, confirmar que siguen vivos y situarlos en el espacio y en el tiempo, pero esa información no siempre encuentra reflejo en registros abiertos y actualizados.
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