Fue en las aulas de la Facultat de Geografía e Historia de Barcelona, en el Campus de Pedralbes, a finales de los 80, donde el nombre de Pascual Madoz (1806-1870) apareció por primera vez en mi recorrido académico. Su monumental Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar (1845-1850) era una referencia constante para comprender la construcción territorial y administrativa de la España contemporánea.
En aquellos años universitarios, tuve la ocasión de ojear la obra directamente. Recuerdo tener que consultarla en una zona restringida de la biblioteca, un espacio controlado con mimo para la conservación del libro antiguo, vigilando la temperatura y la humedad. No recuerdo con exactitud si fue para un trabajo de Geografía Regional o de Historia de la Geografía, pero aquella consulta entre tomos históricos me dejó una impronta duradera. Hoy, el acceso digital ha transformado por completo las condiciones de consulta: atrás quedaron los accesos restringidos; ahora es posible descargar los tomos en PDF y realizar búsquedas temáticas cómodamente desde el ordenador de casa.
Durante mucho tiempo, reconozco que Madoz y sus 16 volúmenes quedaron archivados en un rincón de la memoria académica. Sin embargo, un hallazgo fortuito en el Cementerio de Montjuïc, ante su tumba, reavivó mi interés por este personaje. Fue entonces cuando se hizo evidente que aquel político y estadístico decimonónico había dejado, sin pretenderlo, uno de los testimonios documentales más ricos para una lectura ambiental e histórica del territorio peninsular.
Porque Madoz no era naturalista. No escribía pensando en aves, ecosistemas o biodiversidad. Su objetivo era otro: describir el país desde una perspectiva económica, administrativa y territorial. Sin embargo, al detallar pueblo por pueblo la producción, los cultivos, la caza, los montes, los humedales o los aprovechamientos comunales, terminó proporcionando una base documental excepcional para reconstruir, hoy, paisajes ecológicos de una España anterior a las grandes transformaciones industriales y agrícolas.
Hoy, casi dos siglos después, su Diccionario puede leerse también como una fuente útil para la historia ambiental y, de manera más específica, para aproximaciones a la distribución histórica de la avifauna ibérica, cuando las aves formaban todavía parte habitual del paisaje cotidiano.
La mirada de Madoz refleja con claridad la mentalidad rural de su tiempo. Las aves aparecen mencionadas sobre todo en relación con su utilidad cinegética, alimentaria o agrícola. No existe aún una sensibilidad conservacionista ni una aproximación científica en sentido moderno, lo que precisamente incrementa su valor como testimonio indirecto.
En las páginas del Diccionario se documenta una notable diversidad faunística a través de las referencias a la actividad cinegética y a la descripción de los distintos paisajes rurales, lo que permite reconocer la presencia de comunidades de aves asociadas a ecosistemas concretos. Madoz menciona con especial frecuencia la avutarda (Otis tarda) en grandes llanuras cerealistas de Castilla y Andalucía, así como abundantes referencias a perdices y codornices repartidas por buena parte de la geografía peninsular. La reiterada descripción de secanos, parameras y amplios espacios abiertos permite además inferir la posible presencia de otras especies esteparias, como el sisón (Tetrax tetrax), ligadas a estos medios, aunque no siempre aparecen citadas de forma explícita en las entradas. Estas áreas han experimentado posteriormente una profunda transformación debido a la intensificación agrícola, la concentración parcelaria y la expansión de infraestructuras.
Asimismo, las frecuentes referencias a “ánades de varias clases” y otras aves acuáticas sugieren la presencia de una extensa red de lagunas, tablas fluviales, marismas y navas estacionales repartidas por buena parte de la Península. En numerosas entradas del Diccionario, estos humedales aparecen asociados a la abundancia cinegética y a ecosistemas palustres hoy profundamente alterados o desaparecidos a consecuencia de los procesos de desecación agrícola desarrollados entre los siglos XIX y XX.
En cuanto a las grandes rapaces, aves como águilas, buitres, milanos o aguiluchos aparecen ligadas de forma constante a serranías y dehesas, clasificadas bajo la categoría administrativa de animales “dañinos”, un reflejo del control de predadores característico de la época, asociado a su posterior declive en buena parte del territorio. A este inventario de fauna se suman alusiones directas a la geografía botánica de mediados del siglo XIX, describiendo montes comunales rústicos, dehesas maduras, extensos carrizales y sotos fluviales en los cursos bajos de los ríos. Estos hábitats, que la obra reseña simplemente como recursos forestales o terrenos de pasto, han desaparecido o se han alterado de forma irreversible, eliminando la base ecológica que sostenía a aquellas poblaciones esteparias y acuáticas.
El interés del Diccionario no reside únicamente en las especies citadas, sino en el entramado territorial que las contextualiza. Cada referencia ornitológica aparece vinculada a un tipo de paisaje concreto: un monte comunal, una laguna estacional, una ribera, una dehesa o un espacio cerealista. En conjunto, el texto permite esbozar —más que reconstruir de forma cerrada— un perfil del territorio y de su avifauna en un momento previo a la gran reconfiguración ambiental contemporánea.
La obra de Madoz no puede situarse dentro de la ornitología ni de la geografía ambiental en su formulación contemporánea. Sin embargo, sí puede incorporarse como fuente de trabajo en ambos campos si se asume su naturaleza original: la de un inventario administrativo del territorio. Su valor no es deliberado, sino interpretativo. Integrarlo en la geografía de la avifauna no implica convertirlo en naturalista, sino reconocer que su Diccionario funciona, leído desde la historia ambiental, como un archivo involuntario del paisaje: un registro donde territorio, usos del suelo y presencia de la avifauna aparecen entrelazados en la España anterior a la gran transformación industrial.
En este sentido, volver hoy a Madoz implica también recuperar una forma de mirar el territorio donde geografía, paisaje y memoria natural permanecían todavía profundamente entrelazados, una perspectiva que sigue siendo útil en las actuales aproximaciones entre geografía y ornitología.
🔗 Link en este blog: Geografía ornitológica .
Cap. I : Cartografía primitiva y bestiarios .
Cap. II : Los Clásicos – Aristóteles y Plinio ante el Enigma Alado .
Cap. III : El fin de los mitos. El caso de la “Pfeilstorch”.
Cap. IV : Nombrar el Mundo: Carlos Linneo
Cap. V : Del coleccionismo a la ecología : Humblodt y Audubon



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