El tramo del Parc Fluvial del Besòs comprendido entre Santa Coloma de Gramenet y Sant Adrià de Besòs se ha convertido en uno de los espacios con mayor presión humana sobre la fauna fluvial del área metropolitana de Barcelona. A pesar de tratarse de un corredor biológico estratégico para numerosas especies de aves, la sensación sobre el terreno es cada vez más evidente: el río parece haberse transformado en un gran pipicán al aire libre.
La presencia constante de perros sueltos dentro del cauce ya forma parte del paisaje cotidiano. No son únicamente de animales paseando por los caminos laterales, sino de perros entrando directamente al agua, cruzando las orillas fangosas, recorriendo las graveras e irrumpiendo en zonas donde las aves descansan, se alimentan o intentan criar. Todo ello mientras muchos propietarios pasean con la correa en la mano o pendientes del teléfono móvil, completamente ajenos —o indiferentes— al impacto que generan.
Las escenas se repiten diariamente. Una gallineta común (Gallinula chloropus) abandonando a toda velocidad la vegetación de ribera tras la entrada de un perro en la orilla. Una hembra de ánade azulón (Anas platyrhynchos) levantando el vuelo a ras de agua para evitar el acoso de un animal que atraviesa el cauce. Despegues de emergencia, interrupciones constantes y pérdida continua de tranquilidad en uno de los pocos espacios húmedos funcionales que sobreviven en este tramo final del Besòs.
La situación resulta especialmente grave durante la época de reproducción. Las islas de grava y las orillas del Besòs son utilizadas como zona de cría por especies extremadamente vulnerables como el chorlitejo chico (Charadrius dubius), un ave que nidifica directamente sobre el suelo, entre piedras y guijarros, haciendo que huevos y pollos resulten prácticamente invisibles para quien no conoce el terreno. El paso continuo de perros por estas zonas puede destruir puestas completas en cuestión de segundos, aplastar huevos o separar a los polluelos de los adultos en una etapa crítica del ciclo reproductor.
A todo ello se suma el deterioro progresivo de la pradera fluvial. Aunque la mayoría de propietarios sí actúan correctamente, existe una minoría perfectamente visible que utiliza el parque como si fuera una zona canina sin normas: perros desatados, animales entrando al cauce y mierda abandonada sobre el césped y los caminos de paso. El resultado es una degradación constante de un espacio que debería funcionar como refugio ecológico y zona pública de convivencia.
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| Una gallineta común (Gallinula chloropus) huye despavorida de un perro que se introduce en el cauce del río Besòs. |
Capó reial (Plegadis falcinellos) en el cauce, tranquilo, buscando alimento mientras un perro se acerca siguilosamente . El mismo punto, unos segundos después, ocupado por el perro, mientras su dueño contempla la escena.
©️ Todas las imágenes archivo de Paco Torres, salvo la de cabecera de Dionisio Sanz ( ver su galería en instagram )



Toda la razón, da rabia pasear por el Parc Fluvial y ver que se ha convertido en un pipicán gigante sin ley. No es ir en contra de los animales, es exigir civismo. Los carteles están para algo, pero si nadie vigila ni multa, esa minoría incívica seguirá haciendo lo que le da la gana mientras mira el móvil.
ResponderEliminarEs frustrante ver cómo la ignorancia de unos cuantos desbarata el valor ecológico de este conector biológico. Un texto magnífico para ver si de una vez se conciencia el personal o se pone más vigilancia.
ResponderEliminarDespués de ver cómo se va degradando cada vez más el río y sin ningún tipo de vigilancia se pesca con redes en el su q interior se recoleciona plantas por personas no se con que fin , cada vez más tiendas de campaña , y encima el mayor pipican de Cataluña con perros sin atar que atacan a la poca fauna que va quedando una pena que los que llevan el parque ni se inmuten y no pongan remedio a este desaguisado.saludos
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