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FotoBirding en Sant Adrià de Besòs
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sábado, 25 de abril de 2026

Cementerio de Montjuïc: territorio de la gaviota patiamarilla



 
En el cementerio de Montjuïc no dominan esas aves que solemos asociar con la paz o la trascendencia, como la paloma doméstica (Columba livia). Golondrinas (Hirundo rustica), aviones comunes (Delichon urbicum) y vencejos (Apus apus) atraviesan el cielo según la época, pero pasan. No se quedan.Lo que domina aquí son las gaviotas patiamarillas (Larus michahellis). Posadas en cruces, alineadas en nichos, controlando el terreno con una naturalidad absoluta. Abajo, la presencia humana es mínima: algún visitante puntual, los trabajadores del recinto. Poco más. El resto del tiempo, el lugar queda en manos de ellas. Un silencio que, en realidad, nunca es completo: siempre está atravesado por el ruido del tráfico y el fondo industrial del puerto.

Eso no significa que estén solas. El cementerio tiene más vida de la que parece a primera vista. Entre los caminos y la vegetación aparecen urracas (Pica pica), verdecillos (Serinus serinus), y abubillas (Upupa epops) con bastante facilidad. Se mueven a otro nivel, más bajo, más discreto, ligados al suelo y a los márgenes. Pero ninguna de ellas ocupa el espacio vertical como lo hacen las gaviotas. Ninguna convierte las cruces en atalayas.

No deja de ser llamativo que esta ave ya aparezca señalada en La Biblia,  de forma explícita entre las especies consideradas impuras, dentro de una lista de depredadores y oportunistas que hoy reconoceríamos por su eficacia biológica:

“De las aves, estas tendréis en abominación; no se comerán: el águila, el quebrantahuesos, el águila pescadora  el milano, el buitre según su especie; todo cuervo según su especie; el avestruz, la lechuza, la gaviota y el gavilán según su especie...” (Levítico 11:13–16)

Ese “según su especie” funciona casi como una clasificación ecológica primitiva. Las aves se agrupaban por lo que hacían. Era un "paraguas funcional" que prohibía a familias enteras de aves sin entrar en detalles morfológicos.

Desde lo alto de Montjuic , las patiamarillas dominan el horizonte. Las cruces y los panteones no son símbolos para ellas, sino estructuras útiles: altura, visibilidad, control. Al fondo, el puerto sigue funcionando, ajeno a todo. Y en medio, ese equilibrio extraño donde la actividad humana y la biología más básica conviven sin tocarse del todo.

Mientras acompaño a David Perpiñán, que está filmando para Concolor Media un documental sobre aves en Barcelona, la escena se completa en los detalles: huevos perfectamente camuflados entre la piedra, pollos que apenas destacan sobre el entorno. Ahí se entiende todo. No es un decorado ni un lugar detenido en el tiempo. Es un hábitat activo.
 
El éxito de la adaptación: del mimetismo a la supervivencia. A la izquierda, el camuflaje extremo de una puesta de gaviota patiamarilla (Larus michahellis); su moteado convierte los huevos en parte del entorno mineral. A la derecha, un pollo de pocos días ya activo y alerta. En el cementerio de Montjuïc, la vida se abre paso sobre la piedra con un pragmatismo absoluto, transformando los rincones más insospechados en un territorio de cría de una eficacia biológica asombrosa.


Dos gaviotas ocupan los pináculos de un panteón. Para ellas, estos monumentos son simples puestos de vigilancia sobre el puerto industrial.

Desde el silencio de las esculturas, el cementerio ofrece una vista directa a las grúas pórtico y los buques de carga, subrayando la paradoja sonora y visual de la zona.

Ellas son las verdaderas y permanentes vigilantes del cementerio, impasibles a la simbología de los monumentos.

La cruz ofrece la altura y la visibilidad perfectas que este animal oportunista busca para dominar su territorio.
Un grupo de patiamarillas adultas patrulla desde un muro del cementerio; al fondo el puerto de Barcelona. Una imagen que resume la paradoja visual de Montjuïc.


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📍 Lugar:  Montjuïc . Barcelona
📅 Fecha de observación: 24 de abril-2026
🌡️CLIMA : 🌤️  (Máx. 21°C / Mín. 16°C) , soleado .
📷  Equipo foto :  Nikon P950
🔗 En este blog : "cementerio" , Gaviota patiamarilla
©️ Todas las imágenes de PacoTorres . 
 

lunes, 18 de mayo de 2026

Pollos de patiamarilla en Montjuïc




¿Quién dice que la naturaleza solo se encuentra en los lugares más remotos? A veces, los rincones más inesperados esconden auténticas escenas de vida salvaje. Durante las últimas semanas, he realizado el seguimiento de un nido en el cementerio de Montjuïc, siendo testigo del crecimiento de varias crías de gaviota patiamarilla (Larus michahellis).

Todo empezó con un hallazgo casual entre la vegetación rastrera. Allí, en un nido rudimentario, descansaban cuatro huevos de color verde oliváceo con motas oscuras, perfectamente camuflados entre la tierra y la hierba seca. La dedicación de los adultos, turnándose en la incubación bajo el sol de Barcelona, resultó constante durante todo el proceso.

Al volver al cabo de unos días, los huevos ya habían dado lugar a pequeñas bolas de plumón grisáceo, húmedas y desvalidas. En esta fase inicial, los padres no cesaban en su actividad, yendo y viniendo para alimentar a unas crías siempre hambrientas. Los polluelos, con su diseño moteado y discreto, permanecían la mayor parte del tiempo acurrucados y protegidos de posibles depredadores. Sus movimientos eran torpes al principio, pero jornada a jornada iban ganando confianza.

En una posterior inspección, el cambio ya era evidente. El suave plumón iba dejando paso a las plumas tectrices, más oscuras y resistentes en el manto y las alas. Sus patas (tarsos) se habían alargado y fortalecido considerablemente, permitiéndoles erguirse con firmeza y empezar a controlar visualmente el entorno cercano entre las hierbas.

Durante la última visita, ya no quedaba rastro de aquellas bolitas indefensas. Convertidos en jóvenes curiosos y activos, se desplazaban con soltura sobre el sustrato rocoso, ejercitando el equilibrio, estirando las alas y ensayando sus primeros saltos antes de dar el salto definitivo al vuelo.

Resguardado entre la vegetación rastrera del cementerio, un entorno que le proporciona cobertura y protección durante sus primeras semanas de desarrollo.

Controlando el entorno cercano. 

Caminando ya se aprecia la membrana interdigital desarrollada.

Uno de los jóvenes, ya casi del tamaño de un adulto, subido a una repisa alta, apunto de lanzarse al aire.  

Ejemplar adulto de gaviota patiamarilla (Larus michahellis). Los pollos observados tardarán cuatro años (cuatro inviernos) en mudar sucesivamente sus plumajes juveniles y de transición hasta alcanzar este diseño definitivo.
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📍 Lugar:  Montjuïc . Barcelona
📅 Fecha de observación: 18 de mayo-2026
🌡️CLIMA : 🌤️  Parcialmente cubierto (Máx. 20°C / Mín. 15°C) , 1017 hPa. ; HR: 75%
📷  Equipo foto :  Nikon P950
🔗 En este blog : "cementerio" , Gaviota patiamarilla
©️ Todas las imágenes de PacoTorres . 

viernes, 14 de abril de 2023

El Buho y la estatua

Los búhos y mochuelos son a menudo utilizados como símbolos funerarios, y se les puede encontrar tallados en tumbas, cementerios y panteones. El significado detrás de su uso funerario puede variar según la cultura, la época y el contexto, pero a menudo se asocian con la sabiduría, la protección y la transición a la vida después de la muerte.

En la mitología griega, los búhos eran considerados los acompañantes de Atenea, la diosa de la sabiduría. Por lo tanto, los búhos tallados en las tumbas pueden simbolizar la sabiduría del difunto y su conocimiento acumulado. También se cree que los búhos pueden proteger al difunto y guiarlo en su transición a la vida después de la muerte.

En la cultura celta, se creía que los búhos eran guardianes de las tumbas y ayudaban a los espíritus de los difuntos a encontrar su camino hacia el más allá.

El significado de poner un búho o mochuelo en una tumba, cementerio o panteón puede variar según la cultura y el contexto, pero a menudo se asocia con la sabiduría, la protección y la transición a la vida después de la muerte.

Microrrelato: En el cementerio hay una estatua de búho de piedra que ha allí por años. Un día, un búho chico decidió hacer su hogar en el árbol al lado de la estatua.

El búho solía pasar todo el día al lado de la estatua, como si quisiera hacerle compañía. Un día, un visitante del cementerio le preguntó: "¿Por qué pasas tanto tiempo con esa estatua de búho? ¿No te das cuenta de que es de piedra?".

El búho abrió sus ojos, miró al visitante, luego a la estatua, y luego de regreso al visitante. "¡Por supuesto que sé que es de piedra!", respondió. "Pero es mi vecino más amable y silencioso. Nunca me queja de mi canto nocturno, y siempre está ahí cuando necesito un amigo. Además, ¡es muy fácil de complacer!.

Búho chico. Asio otus. Mussol banyut. Long-eared owl.






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- Todas las imágenes PacoTorres © del día 14.04.2023
- Entradas relacionadas en este blog: Buho chico
- Texto con ayuda de ChatGPT OpenAI
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domingo, 2 de julio de 2023

Las lechuzas de Josep Triadó : Sabiduría y muerte

 

La lechuza, además de ser un símbolo de sabiduría, también ha sido asociada con la muerte en diversas culturas y tradiciones. Esta conexión puede atribuirse a su naturaleza nocturna y su presencia en la oscuridad, así como a su aspecto misterioso y su capacidad para cazar presas en silencio.

 Es la tercera vez que me encuentro y relato en este blog una entrada de la lechuza  (Tyto alba. Òliba, Barn owl) y siempre relacionada con la muerte, la primera vez en 2011 cuando la encontré muerta e medio de una carretera en Zamora (octubre de 2011), han pasado 12 años hasta la siguiente vez (abril-2023) en una escultura de un panteón del cementerio de Poblenou y de nuevo al visitar un museo, (Barcelona, julio de 2023), me encuentro con la representación de una lechuza con las alas desplegadas, como volando, parece que guía a unos personajes, anciano y mujer con  bebé en brazos que caminan y la siguen hacia el abismo, la muerte.  La pintura es de Josep Triadó Mayol, Barcelona, 1870-1929, titulada  La muerte, (1896.) en el Museu Nacional d'Art de Catalunya (MNAC )

El arte a menudo utiliza símbolos y metáforas para explorar temas universales como la vida, la muerte y la transitoriedad. La lechuza, con su asociación histórica con la muerte, puede servir como un recordatorio de nuestra propia mortalidad y de la naturaleza efímera de la existencia humana.

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Josep Triadó fue dibujante, ilustrador, pintor, exlibrista, diseñador, profesor de dibujo, y entre su obra  he encontrado otra en la que también se representa una lechuza :

 Un ex-libris que Triadó dibujó en 1925  para la fusión de las editoriales  Espasa y Calpe : dos plumas alusivas a las editoriales Josep Espasa e hijos y Calpe flanquean un libro, a manera del tejado de  una casa, donde se sitúa una lechuza con los ojos cerrados, símbolo de la sabiduría.
 

 

jueves, 21 de mayo de 2026

Perfil Ornitológico del Diccionario de Madoz


Fue en las aulas de la Facultat de Geografía e Historia de Barcelona, en el Campus de Pedralbes, a finales de los 80, donde el nombre de Pascual Madoz (1806-1870) apareció por primera vez en mi recorrido académico. Su monumental Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar (1845-1850) era una referencia constante para comprender la construcción territorial y administrativa de la España contemporánea.

En aquellos años universitarios, tuve la ocasión de ojear la obra directamente. Recuerdo tener que consultarla en una zona restringida de la biblioteca, un espacio controlado con mimo para la conservación del libro antiguo, vigilando la temperatura y la humedad. No recuerdo con exactitud si fue para un trabajo de Geografía Regional o de Historia de la Geografía, pero aquella consulta entre tomos históricos me dejó una impronta duradera. Hoy, el acceso digital ha transformado por completo las condiciones de consulta: atrás quedaron los accesos restringidos; ahora es posible descargar los tomos en PDF y realizar búsquedas temáticas cómodamente desde el ordenador de casa.

Durante mucho tiempo, reconozco que Madoz y sus 16 volúmenes quedaron archivados en un rincón de la memoria académica. Sin embargo, un hallazgo fortuito en el Cementerio de Montjuïc, ante su tumba, reavivó mi interés por este personaje. Fue entonces cuando se hizo evidente que aquel político y estadístico decimonónico había dejado, sin pretenderlo, uno de los testimonios documentales más ricos para una lectura ambiental e histórica del territorio peninsular.

Porque Madoz no era naturalista. No escribía pensando en aves, ecosistemas o biodiversidad. Su objetivo era otro: describir el país desde una perspectiva económica, administrativa y territorial. Sin embargo, al detallar pueblo por pueblo la producción, los cultivos, la caza, los montes, los humedales o los aprovechamientos comunales, terminó proporcionando una base documental excepcional para reconstruir, hoy, paisajes ecológicos de una España anterior a las grandes transformaciones industriales y agrícolas.

Hoy, casi dos siglos después, su Diccionario puede leerse también como una fuente útil para la historia ambiental y, de manera más específica, para aproximaciones a la distribución histórica de la avifauna ibérica, cuando las aves formaban todavía parte habitual del paisaje cotidiano.

La mirada de Madoz refleja con claridad la mentalidad rural de su tiempo. Las aves aparecen mencionadas sobre todo en relación con su utilidad cinegética, alimentaria o agrícola. No existe aún una sensibilidad conservacionista ni una aproximación científica en sentido moderno, lo que precisamente incrementa su valor como testimonio indirecto.

En las páginas del Diccionario se documenta una notable diversidad faunística a través de las referencias a la actividad cinegética y a la descripción de los distintos paisajes rurales, lo que permite reconocer la presencia de comunidades de aves asociadas a ecosistemas concretos. Madoz menciona con especial frecuencia la avutarda (Otis tarda) en grandes llanuras cerealistas de Castilla y Andalucía, así como abundantes referencias a perdices y codornices repartidas por buena parte de la geografía peninsular. La reiterada descripción de secanos, parameras y amplios espacios abiertos permite además inferir la posible presencia de otras especies esteparias, como el sisón (Tetrax tetrax), ligadas a estos medios, aunque no siempre aparecen citadas de forma explícita en las entradas. Estas áreas han experimentado posteriormente una profunda transformación debido a la intensificación agrícola, la concentración parcelaria y la expansión de infraestructuras.

Asimismo, las frecuentes referencias a “ánades de varias clases” y otras aves acuáticas sugieren la presencia de una extensa red de lagunas, tablas fluviales, marismas y navas estacionales repartidas por buena parte de la Península. En numerosas entradas del Diccionario, estos humedales aparecen asociados a la abundancia cinegética y a ecosistemas palustres hoy profundamente alterados o desaparecidos a consecuencia de los procesos de desecación agrícola desarrollados entre los siglos XIX y XX.

En cuanto a las grandes rapaces, aves como águilas, buitres, milanos o aguiluchos aparecen ligadas de forma constante a serranías y dehesas, clasificadas bajo la categoría administrativa de animales “dañinos”, un reflejo del control de predadores característico de la época, asociado a su posterior declive en buena parte del territorio. A este inventario de fauna se suman alusiones directas a la geografía botánica de mediados del siglo XIX, describiendo montes comunales rústicos, dehesas maduras, extensos carrizales y sotos fluviales en los cursos bajos de los ríos. Estos hábitats, que la obra reseña simplemente como recursos forestales o terrenos de pasto, han desaparecido o se han alterado de forma irreversible, eliminando la base ecológica que sostenía a aquellas poblaciones esteparias y acuáticas.

El interés del Diccionario no reside únicamente en las especies citadas, sino en el entramado territorial que las contextualiza. Cada referencia ornitológica aparece vinculada a un tipo de paisaje concreto: un monte comunal, una laguna estacional, una ribera, una dehesa o un espacio cerealista. En conjunto, el texto permite esbozar —más que reconstruir de forma cerrada— un perfil del territorio y de su avifauna en un momento previo a la gran reconfiguración ambiental contemporánea.

La obra de Madoz no puede situarse dentro de la ornitología ni de la geografía ambiental en su formulación contemporánea. Sin embargo, sí puede incorporarse como fuente de trabajo en ambos campos si se asume su naturaleza original: la de un inventario administrativo del territorio. Su valor no es deliberado, sino interpretativo. Integrarlo en la geografía de la avifauna no implica convertirlo en naturalista, sino reconocer que su Diccionario funciona, leído desde la historia ambiental, como un archivo involuntario del paisaje: un registro donde territorio, usos del suelo y presencia de la avifauna aparecen entrelazados en la España anterior a la gran transformación industrial.

En este sentido, volver hoy a Madoz implica también recuperar una forma de mirar el territorio donde geografía, paisaje y memoria natural permanecían todavía profundamente entrelazados, una perspectiva que sigue siendo útil en las actuales aproximaciones entre geografía y ornitología.

 

Descripción de Sant Adrià de Besòs 



Sobre el  río Besòs 

jueves, 20 de abril de 2023

La lechuza, asociada con la iconografía de la muerte.


 La lechuza (Tyto alba ) ha sido un motivo recurrente en la historia del arte, asociada con la sabiduría, la muerte, lo sobrenatural y lo misterioso. Su presencia en diversas épocas y estilos artísticos refleja su rica simbología y su capacidad de evocar diferentes significados en el contexto cultural y artístico en el que se representa.


 La lechuza simboliza la transición entre la vida y la muerte debido a su naturaleza nocturna y enigmática. Su vuelo silencioso y su aspecto misterioso la convierten en portadora de malas noticias o presagios mortales, representándola en el arte en escenas relacionadas con la muerte, como cementerios, donde evoca sabiduría y conocimiento en el momento final.


Panteón familia Ricart , (Cementerio de Poblenou, Barcelona ).  Proyectado hacia el año 1862 por el arquitecto Josep Fontserè Mestres (Barcelona, 1829 -1897)  arte funerario de mediados de siglo XIX. Está coronado por una escultura de Venanci Vallmitjana i Barbany (Barcelona, 1830 - 1919) que simboliza el Tiempo, representado con alas y una larga barba, con un reloj de arena, una lechuza y una calavera.